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Sotelo muestra en Madrid un breve fragmento de su ópera "De amore"

Un concierto complejo cierra un curso de composición del Injuve

Un percusionista hace ruidos a ratos dulces y a ratos horrísonos dando fuertes golpes de gong y de timbales, o frotando un arco de violín en un xilofón gigante; hay momentos de inquietantes silencios; al fondo, cubriéndolo todo suavemente, surgen sonidos espectrales, tomados o copiados de la naturaleza (viento, pájaros...) y pasados luego por el filtro electrónico del ordenador. Y alante, en el medio del lío, dos cantaoras jóvenes, poderosas y pacientes (Eva Durán y Marina Heredia) se pelean con los palos más duros del flamenco (siguiriya, martinete, granaína...) mezclando sus voces con arte mientras tratan de mantener la afinación en medio de ese mar furioso y fragmentario. A la salida, a unos les parece un réquiem por la humanidad. A otros, un cálido y emocionado tributo a la vida.

La pieza, que se titula Ángel de la tierra, dura media hora escasa e intensa, y perteneció en origen al principio de la ópera De amore, obra que Mauricio Sotelo (Madrid, 1961) escribió en Colonia, estrenó en el pasado Festival de Múnich, y presentará en España el próximo 20 de septiembre, en el Teatro de La Zarzuela.

Esta breve composición se estrenó en colonia el 10 de abril tal y como fue escrita, con orquesta de cámara en vivo, "para flauta, clarinete, saxofón, violoncello, contrabajo, dos percusiones, cinta electrónica y dos cantaoras". Aquí, la orquesta Modus Novus y Sotelo no se entendieron durante los ensayos, y sólo comparecieron en escena las cantaoras y un percusionista, fichado a última hora. Fue una versión light, por tanto, pero se ve que a Mauricio Sotelo no le tiembla nada el pulso a la hora de mezclar la música contemporánea y el flamenco.

El difícil concierto, en cuya primera parte sonaron obras de Tomás Marco, Cristóbal Halffter y Javier Darias, clausuró el curso del Injuve Campo de composición ante un auditorio formado por amigos, flamencófilos y colegas de profesión. Allí estaba, entre otros, Tomás Marco, que dijo que le había gustado el avance de la ópera: "Sobre todo por las cantaoras, que son guapas y modernas, y le dan a esto un aire distinto".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de julio de 1999