La revuelta en Irán desata una ola de violencia que desborda el marco estudiantil

El presidente iraní, Mohamed Jatamí, tomó posiciones ayer en el pulso que opone a reformistas y conservadores al condenar las manifestaciones estudiantiles. Mientras, la revuelta se extendió al Gran Bazar de Teherán y a la sede del Ministerio del Interior, símbolos del Irán conservador. La expedita intervención de la policía y de los Guardianes de la Revolución, reforzada ahora por las milicias islámicas voluntarias (basiyis), logró frustrar la toma del ministerio, pero no pudo evitar que el zoco fuera bloqueado por centenares de estudiantes que convirtieron las callejuelas del mercado en trincheras.

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En un mensaje leído en televisión, el presidente reformista en el que confiaron los jóvenes iraníes en las pasadas elecciones tachó las protestas de "desviaciones que serán reprimidas con fuerza y determinación". Jatamí considera que la revuelta, en la que los estudiantes reclaman mayores libertades, "amenaza la seguridad nacional". "Estas acciones son contrarias a los intereses de nuesto país, nuestro sistema y los programas del Gobierno", aseguró. "Estoy seguro de que esa gente tiene objetivos diabólicos. Intentan introducir la violencia en la sociedad, y debemos impedírselo", añadió en una declaración que, a buen seguro, va a decepcionar a un buen número de sus simpatizantes.

Las manifestaciones, que hasta ayer tuvieron como principal escenario los recintos y los alrededores de la universidad, se desplazaron hacia el centro de la capital, en un intento desesperado de los estudiantes por dar un salto cualitativo en su lucha, atacando y asaltando otros objetivos más estratégicos, escogiendo para ello dos símbolos del poder conservador del régimen de los ayatolás: el Ministerio del Interior y el Gran Bazar.

Los estudiantes, en su mayoría jóvenes adolescentes, fracasaron cuando a primera hora de la mañana se concentraron frente al Ministerio del Interior lanzando gritos hostiles al régimen y reclamando la libertad de los detenidos en los pasados días. Las fuerzas policiales y las milicias islamistas de voluntarios atacaron con firmeza a los concentrados con disparos y gases lacrimógenos, impidiendo que éstos lograran su objetivo.Los revoltosos, sin embargo, consiguieron, a primera hora de la tarde, bloquear la actividad económica del Gran Bazar, infiltrándose por sus callejuelas para desde allí hostigar a la policía. Los bazaristas, símbolo del poder económico conservador en la capital, cerraron temerosos las puertas de sus comercios, mientras que numerosos bancos, sedes de la Administración o gasolineras permanecían también con las puertas cerradas.

Los estudiantes, en su camino desde la universidad al zoco, incendiaron dos autobuses públicos al tiempo que sorteaban los controles que los basiyis habían desplegado en el centro de la ciudad, en un intento de ayudar con su presencia a las exhaustas fuerzas de la policía y a los Guardianes de la Revolución, verdaderos protagonistas de la represión.

Los basiyis se habían desplegado asimismo ayer en los alrededores de la Universidad de Teherán, donde, a pesar de las amenazas, se congregaron también un buen número de manifestantes que también fueron dispersados con tiros y gases lacrimógenos.

La revuelta aparece, sin embargo, dividida. Mientras los sectores radicalizados prosiguen protagonizando incidentes por toda la ciudad, se suceden las llamadas a la reflexión y a la cautela, efectuadas por grupos de universitarios moderados que, haciéndose eco de los consejos de Jatamí, temen verse sumergidos en una "trampa peligrosa" manipulada por los sectores reaccionarios del régimen. "La prudencia se demuestra efectiva en el torbellino de los acontecimientos", aseguraba ayer una pancarta colocada por los estudiantes moderados en uno de los edificios de la universidad. "Frustra a los enemigos de la universidad manteniendo la tranquilidad y el orden revolucionario", decía otra.

Diversas entidades sociales progresistas iraníes, que habían programado para hoy diversas manifestaciones en Teherán en apoyo de las reformas democráticas y del presidente Jatamí, anunciaron ayer su decisión de desconvocarlas aludiendo razones de seguridad y afirmando que las mismas no estaban autorizadas. Entre las manifestaciones suspendidas se encuentra una reunión monstruo cuya convocatoria estaba firmada por 15 asociaciones progresistas y reformadoras.

El repliegue estratégico del movimiento progresista fue aprovechado ayer a última hora por el régimen conservador para lanzar su gran ofensiva y convocar para las próximas horas una manifestación oficial contra los que "quieren sumir el país en una anarquía" y en un intento de defender la "seguridad nacional", detrás de la cual se encuentra inevitablemente el Guía de la Revolución, el ayatolá Alí Jamenei.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0013, 13 de julio de 1999.

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