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Reportaje:

Un escenario para el siglo XXI

VIENE DE LA PÁGINA 1 La maquinaria escénica no ha empezado todavía a latir -hasta mediados del próximo mes de julio no estará completamente finalizada-, pero desde hace varios años concentra la atención de los responsables del teatro, porque del buen funcionamiento de su tecnología y del control que el personal del escenario tenga sobre ella depende el fin último del coliseo: ofrecer espectáculos operísticos de calidad y competitivos. No ocultan los técnicos del Liceo el entusiasmo y la ilusión que les produce tener este nuevo y moderno escenario. "En el del antiguo teatro teníamos cuatro motores y nos conformábamos. Ahora tendremos más de un centenar. ¿Cómo no vamos a estar contentos? Para nosotros representa todo lo que hemos soñado", explica Enric Solà, subjefe de maquinaria del Liceo, deseoso de poder empezar a poner en práctica todos los conocimientos que está adquiriendo junto a sus colegas en los cursos a los que estos días asisten y en los que les aleccionan sobre el uso de la moderna tecnología del escenario completamente informatizado. ¿Un monstruo difícil de domar? "No", dice rotundamente Carles Gibert, director técnico del Liceo y máximo responsable del escenario. "Los técnicos del teatro son profesionales y su trabajo no cambia en nada con el nuevo escenario. El funcionamiento ahora es diferente, y eso nos beneficia porque nos ofrece muchas más posibilidades. A partir de ahora podremos hacer diferentes cosas a la vez y se evitará que para levantar 200 kilos de peso precisemos a seis personas que tiren de una cuerda. Un motor se encargará de hacer ese trabajo". El escenario que se está terminando de montar en el Liceo es el tercero que los arquitectos responsables de la reconstrucción del teatro -Ignasi de Solà- Morales, Xavier Fabré y Lluís Dilmé- han diseñado hasta conjugar la necesidades de los técnicos que han de usarlo y el coste que el teatro estaba dispuesto a asumir. "Es un escenario diseñado a la medida del cliente", asegura Fabré. "La personalización es algo fundamental porque cada teatro tiene unas necesidades diferentes", apostilla Solà-Morales. "Sin ser exactamente igual, este escenario se asemeja al del Teatro de la Ópera de Viena o el del Metropolitan de Nueva York, pero es más pequeño. Tenemos cinco escenarios y medio complementarios a dos niveles diferentes que garantizan una organización eficiente y comprobada desde hace décadas". La tecnología no sólo simplificará y facilitará las tareas cotidianas en el escenario, sino que la informatización completa posibilita su automatización. Desde dos consolas se podrá controlar toda la maquinaria escénica. "Podremos grabar en la memoria del programa del ordenador todos los movimientos de escena durante los ensayos, y el día de la representación ejecutar el programa. Sólo se precisará una serie de personas en lugares estratégicos para poder actuar de forma inmediata en caso de un fallo", explica Gibert. La automatización ha hecho disminuir en más de la mitad el personal del escenario, que ha pasado de más de un centenar de personas antes del incendio a 50 en la actualidad. "Trabajará menos gente, pero el personal ahora será más especializado", cuenta Josep Caminal, director general del Liceo. El teatro ha convocado un concurso para cubrir este mismo mes de junio las plazas vacantes de jefe de maquinaria y de electricistas. "Ya hace varias semanas que los trabajadores han empezado a familiarizarse con la maquinaria del peine del escenario y a finales de junio, cuando se hayan montado los vagones, lo harán con la maquinaria inferior". Pero los técnicos del teatro apenas habrán tenido tiempo de conocer la mayor parte de las posibilidades del escenario antes de la inauguración del Liceo. Cuando acabe el montaje de la maquinaria escénica, ellos iniciarán sus vacaciones. A partir de 16 de agosto tendrán apenas un mes para realizar el rodaje, porque el 15 de septiembre deberán empezar a montar la producción de la ópera Turandot, de Puccini, con que se inaugurará el teatro. "Esta falta de tiempo para realizar el rodaje de la maquinaria ha obligado a diseñar una primera temporada operística de gran prudencia, con pocas óperas y sin alternancia de títulos. La propia temporada servirá de rodaje y a partir de octubre del año 2000 ya se podrá empezar a apreciar las posibilidades del nuevo escenario con una primera experiencia de alternar producciones", asegura Caminal, quien estudia con la dirección artística y técnica del teatro la posibilidad de ofrecer durante algunos fines de semana dos funciones en un mismo día. "A partir de la temporada 2001-2002 el escenario del Liceo ya podrá funcionar al 100% de sus posibilidades", promete el director general del teatro. Pero pese a que la programación de la temporada no ofrece alternancia de producciones, para los técnicos del escenario la alternancia de montajes empezará el día siguiente a la inauguración del Liceo. "Nosotros empezaremos a montar la producción de la segunda ópera de la temporada, El caso Makropoulos, en los escenarios laterales mientras se esté todavía representando Turandot", explica Gibert. Caminal advierte que el aprovechamiento al 100% de las posibilidades del nuevo escenario dependerá del presupuesto de funcionamiento con que cuente en el futuro el teatro. "Cuanto más representaciones se programen, más presupuesto y personal se necesitará. Una cosa son las posibilidades del escenario y otra muy diferente contar con un presupuesto y el número de personal adecuado para explotarlas al máximo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 23 de junio de 1999