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Reportaje:

Prefieren a la Guardia Civil

El temor de dos 'camellos' lleva a la detención de un grupo mafioso internacional de 'narcos' y asesinos

Hilando fino, puntada a puntada durante 10 meses, más de cien agentes de la Guardia Civil han puesto en pie un truculento caso de drogas, secuestros y asesinatos, en el que no había ni hachís, ni muerto, ni asesinos. La investigación se inició cuando, en un acto inaudito, dos narcotraficantes españoles denunciaron que unos mafiosos extranjeros les habían robado 500 kilos de hachís y habían matado a un compinche de otra banda radicada en Ceuta. Estaban aterrados porque los ceutíes querían el dinero o sus cabezas. Manuel R. O., de 50 años, y Manuel R.C., de 40, relataron que los 500 kilos de hachís, aún sin pagar, fueron desembarcados el 26 de julio en la playa de la Jara de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Uno de los ceutíes, Abdella H. H., se quedó en tierra para vigilar la operación. Ese mediodía tenían una cita en Jerez de la Frontera para cerrar la compraventa. Los tres llegaron a bordo de un Audi 80 blanco al punto convenido, donde dos italianos, un portugués y dos franceses se bajaron de un BMW y de un Mercedes descapotable.No hubo trato. Lo primero que hicieron los mafiosos fue pegarle un balazo de 9 milímetros Parabellum a Abdella y hacerse con la droga. A los otros dos los encañonaron y les hicieron meterse con el cadáver en una autocaravana. La comitiva se puso en marcha y a la altura de Las Cabezas de San Juan (Sevilla) soltaron a los dos vivos. Estaban convencidos de que no se iban a chivar. ¿A quién se lo iban a contar?

Por si acaso, los mafiosos fueron profesionales. El Audi lo abandonaron en Cazalla de la Sierra (Sevilla), limpio de huellas. El cadáver lo tiraron a un barranco de Despeñaperros, junto a un área de descanso de la autovía Madrid-Sevilla, y le pegaron fuego. Pero el retén antiincendios de Baños de la Encina que sofocó las llamas halló el cuerpo en ese precipicio, del término de Santa Fe (Jaén). La víctima no pudo ser identificada y fue enterrada en La Carolina como "desconocido". Parecía un crimen perfecto.

Sin embargo, llegó ese 2 de agosto en el que los dos narcos españoles contaron parte de esta truculenta historia al Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la central de la Guardia Civil en Andalucía. De los supuestos asesinos, sólo dieron un dato: eran todos extranjeros y a uno lo llamaban "Antonio el portugués". Los guardias sacaron un listado de todos los enterrados en España como desconocidos. Buscaban a un hombre de 1,85 metros de estatura y de entre 25 y 35 años. Cinco cadáveres cuadraban con la descripción, pero el enterrado en La Carolina tenía todas las papeletas. El 1 de diciembre fue exhumado. Tenía una bala en el pulmón derecho. La prueba de ADN confirmó que era Abdella.

Ya tenían el cadáver. Faltaban los malos. El portugués fue la clave. Apolinario de Jesús B., nacido en 1951 en Faro, vivía tranquilamente en un chalé de Alhaurín el Grande (Málaga) con una jauría de perros. La Guardia Civil pidió datos a las autoridades portuguesas, que dieron la alerta: Apolinario, alias Antonio, había participado en una fuga de una prisión de su país en la que murieron tres funcionarios y se le investiga por otros cuatro homicidios. Su ficha reza: "Extremadamente peligroso". Siguiendo sus pasos, los agentes localizaron en Mijas (Málaga) a Leonzio B. y Giorgio B., ambos de 56 años y naturales de Alessandria (Piamonte, Italia). El primero es el cerebro de esta banda, a la que se le está investigando cuántos crímenes y robos de droga ha perpetrado. Los tres vivían como reyes, con cuentas abiertas en casinos, sociedades interpuestas y continuos viajes (a Milán, París, Marsella...), todo con el fruto de la droga robada.

Dos de los tres franceses fueron avistados en Granada, donde acababan de dar un golpe menor. Régis Henri D. H., de 46 años, y Gérard Marcel B. B., nacido en Perpiñán en 1960, tienen un historial desplegable. Lo más difícil fue hallar a Slamani S., un parisiense de origen argelino de 34 años. Dieron con él hace unos días. Estaba a la sombra en la cárcel de Montpellier, tras ser detenido en su país por asunto menor. La Guardia Civil sigue buscando a víctimas de esta "banda internacional, dedicada al asesinato, secuestro y tráfico de drogas", para cerrar una operación a la que han llamado Fino, no por cómo han hilado una investigación de encaje de bolillos, adecuada para Colombo, sino porque Abdella murió en Jerez. Cuna del fino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de junio de 1999