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El delfín de Mandela quiere una mayoría que le permita cambiar la Constitución

En medio de un espectacular dispositivo de seguridad, Suráfrica celebra mañana su segunda elección multirracial de su historia. Estos comicios suponen la retirada de la política activa de un personaje carismático, Nelson Mandela, el gran responsable del desmoronamiento del sistema de segregación racial. Thabo Mbeki, el sucesor de Mandela, designado por el Congreso Nacional Africano (ANC), será nombrado con toda seguridad presidente de Suráfrica por el nuevo Parlamento. Nadie duda de que el ANC de Mbeki y Mandela logrará la mayoría absoluta, pero lo que está en juego es otra mayoría mucho más amplia: la barrera de los dos tercios, que es la que necesita el ANC para modificar la Constitución heredada y suprimir los últimos vestigios del apartheid.Dieciocho millones de personas, el 80% de los que tienen derecho a participar, se han registrado. Este es un requisito imprescindible para acudir a las urnas. Más de 100.000 soldados y fuerzas de seguridad, con instrucciones de abrir fuego contra cualquier intento de desorden, han sido desplegados en todo el país. El objetivo es evitar los violentos incidentes y actos de intimidación ocurridos en los anteriores comicios de 1994, en los que más de 2.000 personas perdieron la vida durante la campaña electoral. "Se han tomado las medidas necesarias para garantizar un ambiente de seguridad en el que la gente pueda ejercer su derecho al voto", dijo ayer el ministro de Interior, Sydney Mufamadi. "No esperamos problemas en el país".

Continuidad reformista

La situación política es, a juicio de los analistas, muy diferente. Hace cuatro años, las primeras elecciones multirraciales representaban el primer paso para liquidar el sistema de segregación racial. Las de mañana, tras cuatro años de presidencia de Mandela, suponen más la continuidad de las reformas emprendidas. Los indudables éxitos políticos se han visto empañados, en este periodo, por la crisis económica y la desilusión de gran parte de la población, que vive estancada en la miseria y el paro. Pese a su importancia, la economía no ha sido el eje del debate.La Comisión Electoral Independiente, que será la encargada de vigilar el escrutinio de los 15.000 colegios electorales, ha entrenado a 200.000 personas, la mayoría sin empleo, para actuar como interventores. El principal riesgo es que los millones de personas no registradas intenten depositar su voto y generen incidentes.

Son 17 los partidos políticos que se disputan el apoyo de la amalgama de negros, mestizos, blancos y orientales que componen el mosaico surafricano. Sólo siete de esas formaciones tienen representación en el Parlamento saliente, pero es muy posible que de estas elecciones aumente la cifra de partidos con derecho a escaño a 10 u 11.

Según los sondeos, el movimiento que encabezó la lucha de la población negra contra el apartheid, el ANC, conserva la simpatía de la gran mayoría autóctona y, por tanto, revalidará su triunfo de 1994. Con el lema Un futuro mejor para todos, el populista ANC se ha fijado como gran objetivo superar los 252 escaños (de los 400 en juego) conseguidos en 1994. El desafío es formidable, el sucesor de Mandela, deberá rebasar el 62% de los sufragios conseguido por el presidente saliente, quien a sus 80 años ha decidido retirarse de la actividad política.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de junio de 1999

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