Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una retrospectiva del escultor Ángel Ferrant reivindica el "eslabón silenciado"

El Museo Reina Sofía expone obras inéditas y documentos del dibujante y pedagogo

"Ferrant ocupa un lugar incómodo en la historia del arte español; es el eslabón silenciado entre la generación heroica y las segundas vanguardias". Javier Arnaldo, uno de los comisarios de la retrospectiva de Ángel Ferrant (Madrid, 1890-1961), que se presenta hoy en el Museo Nacional Reina Sofía, de Madrid, comentaba ayer la investigación realizada para presentar 119 esculturas, 148 dibujos y un centenar de documentos, muchos de ellos inéditos, sobre el trabajo completo de un artista que se presenta como escultor, dibujante, diseñador y pedagogo.

La tercera planta del Museo Nacional Reina Sofía dedica una de sus alas a la obra completa de Ángel Ferrant, en un montaje diseñado por Andrés Mengs. En diez secciones se han agrupado los diferentes aspectos del artista en la retrospectiva más completa, organizada por el Reina Sofía, en colaboración con la Colección Arte Contemporáneo. La muestra estará abierta hasta el 24 de agosto y después viajará al Museo de Arte Moderno de Barcelona.La investigación realizada por los comisarios Javier Arnaldo, Carmen Bernárdez y Olga Fernández parte del fondo adquirido hace unos años por la Colección Arte Contemporáneo, en la que participa un grupo de empresas como apoyo a los museos, en el que figuran 30 esculturas y 403 dibujos, junto con un material donado por los herederos, en el que se incluyen cartas y fotografías que han servido para identificar obras perdidas. La retrospectiva -en 1983 se presentó en las mismas salas un conjunto de esculturas y dibujos con el comisariado de Ana Vázquez de Parga- descubre 12 esculturas y 120 dibujos, muchos de ellos preparatorios de las esculturas, como se aprecia en el montaje.

Entre vanguardias

Javier Arnaldo destaca el "lugar incómodo" en el que se sitúa la obra de Ferrant en la historia reciente del arte español, ya que fue muy apreciado por los críticos (Gasch, Westerdahl) y aparece fuera de contexto, entre los años de la II República, los cuarenta y los cincuenta, entre la generación heroica de la primera vanguardia y la renovación que significa la segunda vanguardia de los grupos como El Paso y Dau al Set. "Es el eslabón silenciado, que además se sitúa en el exilio interior en la posguerra. Es el eslabón entre Julio González y la generación de Chirino, Oteiza y Chillida, muy admirado por Millares y Brossa. También influye que estos artistas trabajan el hierro como material fundamental y Ferrant prefería materiales frágiles y de pequeño formato", declara Javier Arnaldo.

La exposición demuestra, según Arnaldo, "la sinceridad y calidad de su obra" y confirma la "enorme cohesión" frente a la imagen de un artista disperso, que experimenta entre el surrealismo y el clasicismo. "No es equiparable a Julio González o Miró, no está en la punta de lanza, al sufrir un aislamiento durante la posguerra y tener una apreciación más intimista del arte ".

La imagen que ofrece el artista a través de su obra es una labor fundamental como escultor, que dibuja constantemente en una experimentación de formas y materiales. Como otros escultores (Brancusi), Ferrant fotografió todos sus trabajos -en el montaje aparecen varias imágenes del artista en su estudio rodeado de piezas- por lo que deja un "legado valioso" para los investigadores.

Javier Arnaldo destaca también los planteamientos innovadores de su labor como pedagogo en las escuelas de artes y oficios de A Coruña, Barcelona y Madrid, en una línea que procede de la Institución Libre de Enseñanza y del movimiento de la Escuela Nueva, que desde Ginebra se extiende por Cataluña.

Sus propuestas en el campo de la pedagogía del dibujo, que figuran en sus escritos, se recuerdan en el taller que se ha reconstruido en el comienzo del montaje de la exposición, donde aparecen utensilios de artista y modelos. En este taller, profesores y alumnos de la Escuela de La Palma (Artes y Oficios número 1) han hecho reproducciones para experimentos de los visitantes.

El recorrido comienza con sus primeras obras, anteriores a 1920, donde figuran el primer dibujo que se conoce, de 1901, cartas con dibujos y la revista Colorines. Los años de Barcelona abarcan 1920 y 1934, donde se encuentra con el noucentismo y los lenguajes de vanguardia. La sala de la comedia humana reúne piezas y series de antes y después de la guerra civil con temas populares, que continúa por la "utopía de una nueva prehistoria" con su interés por el arte primigenio y prehistórico a lo largo de los años cuarenta.

Los comisarios han podido reunir en otra sala las obras de la exposición de 1957 en las galerías Syra, de Barcelona, con las esculturas y la serie completa de los dibujos preparatorios. Las salas de dibujos ilustran una dedicación desde los 11 años hasta el mismo año de su muerte, en 1961. Son dibujos en diversas técnicas que utiliza como motor de ideas y formas que después traslada a la escultura.

Las esculturas en movimiento se han reunido en otro espacio, con sus conocidos maniquíes, y la pieza que entregó al Café Gijón, de Madrid, en el que asistía a las tertulias. Otros caminos de experimentación se concretaron en la "escultura infinita" con sus piezas en hierro.

La última sección muestra sus trabajos como diseñador gráfico, en revistas y libros, e industrial, con muebles y juegos infantiles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de mayo de 1999