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Palma acoge una muestra de la obra reciente de Antoni Tàpies

"Constantemente me estoy corrigiendo. No sé si soy importante", dice Antoni Tàpies. Una campana de bronce oxidada preside fundida como escultura el patio del convento que fue el Centro Cultural Pelaires de Palma, donde ayer se estrenó una amplia exposición del artista, que niega ser "un rupturista". Tàpies exhibió una defensa del coleccionismo privado: "Creo mucho en él", como puerta de salida hacia los fondos de los museos y por su apuesta por las creaciones de la gente joven.En contrapartida, relativizó: "Sacar el arte a la calle no es imprescindible" porque "el arte es una flor delicada y puede ser pisoteada y destrozada. El arte debe estar en sus templos: los museos o las salas de exposiciones", agregó.

La exposición contiene 48 obras firmadas en los últimos seis años: cuadros de gran y mediano formato, telas, arenas, maderas y papeles pintados, grabados y cinco esculturas. Los tàpies mantienen su código de imágenes, trazos y el universo alegórico y los colores, una apuesta por "lo esencial y depurado, alejado de lo superfluo y secundario tan en boga", dijo el autor.

Reconoció que sigue "experimentando, como los científicos que buscan una vacuna y se la prueban a sí mismos". En los años noventa ha puesto "más atención en las cosas volumétricas, insistiendo en las esculturas, acentuando la incorporación en los cuadros de objetos de la vida cotidiana, como un juego irónico, para recortar el vuelo trascendental en las nubes".

El pintor barcelonés explicó con modestia su posición en la cúspide del arte contemporáneo: "Sin mérito, quizá sólo por la edad, por lo que hago y pienso, por mis obras y en especial con los escritos [que ya suman seis volúmenes], sin darme cuenta, he configurado un cierto ideal de artista. A mí, que me hablen de liderazgo o que digan que soy un escritor me sorprende mucho".

En Mallorca, Tàpies hizo suyo el breve alegato del artista chino que suspiró por "representar el universo con una sola pincelada". "Yo lo intento todos los días, comienzo con una pincelada. Me percato de que me he equivocado y que tengo que corregir. Creerse demasiado perfecto no es bueno. Mejor es dudar, es un estímulo".

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