Una instalación con incierto futuro

El Estadio Olímpico de Sevilla se ha concluido a contrarreloj para su bautizo oficial. El proyecto más ambicioso de Sevilla, desde las inversiones de 1992, no ha logrado, sin embargo, imprimir la misma celeridad a la hora de clarificar su destino. Concebido inicialmente como estadio único para el Betis y el Sevilla, el desacuerdo entre la sociedad Estadio Olímpico de Sevilla (EOS) y los responsables de ambos clubes desembocan en una incógnita sobre el futuro uso de la nueva infraestructura deportiva, más allá de la celebración de los Mundiales de Atletismo, entre el 20 y el 29 de agosto.Las cuentas y las conversaciones con los clubes pertenecen, al menos parcialmente, al terreno de los misterios, envueltos siempre en grandes polémicas. El Consejo de Administración de la EOS desconoce el estado actual del presupuesto de ejecución, pero una de sus consejeras, la diputada provincial de IU Encarnación Velázquez, estima que rondará los 20.000 millones de pesetas, una cifra bastante alejada de los 13.541 millones aprobados en diciembre de 1997.
Oficialmente, las tres fases de construcción de las instalaciones de la isla de La Cartuja han costado 14.071 millones de pesetas. El coste final no es baladí. Para el portavoz socialista en el Ayuntamiento de Sevilla, Carmelo Gómez, "si se hace una inversión de este tipo es para que tenga rentabilidad y, a fecha de hoy, no se sabe cuál será la futura utilización del estadio".
Las selecciones de España y Croacia jugaron anoche el partido inaugural, pero a ciencia cierta se ignora qué otras citas futbolísticas acogerá el estadio, amen de la final de la Copa del Rey. Tanto el Betis como el Sevilla han formalizado sendos protocolos (por separado) para comprometerse a jugar algunos partidos a partir de la próxima temporada pero de momento es un mero documento de buenas intenciones.
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