Cartas al director
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

Lógica y Verdad

El 25 de marzo, dos gemelas, Lógica y Verdad, se han dado cita en un restaurante chino. Aunque podían comer a la carta, optaron por un plato único: cerdo agridulce. La primera en probarlo fue Verdad; tomó con los palillos de madera un trozo pequeño y cargado de salsa. Por iniciar la conversación le dijo a Lógica:-¡No está nada mal esto de Pinochet!

-¿A qué te refieres? Yo no puedo aplicar aún mi razón a ese 6-1 que se me antoja un "quiero pero no puedo" -dijo Lógica pinchando con el tenedor y llevándose a la boca un trozo grande de carne.

-Pues, ¿a qué va a ser? Deberías estar contenta, tú, tan preocupada siempre por el método y por el modo, y que tanto me has ayudado a conseguir que me luzca.

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-No, querida Verdad, no entiendes nada. Lo lógico habría sido que ninguno de los crímenes que Pinochet ha cometido se hubiesen dado. Eso sería lo lógico. Aquí, si alguien ha triunfado eres tú.

Se produjo un breve silencio, cada una jugaba distraídamente con la comida, Verdad con sus palillos y Lógica con el tenedor. Debía de ser el efecto del agridulce.

-Por cierto -dijo Verdad para romper la situación y con clara intención de levantar el ánimo de su hermana-, donde sí has jugado un papel importante es con lo de Yugoslavia, ¿no?

Lógica casi se atraganta. ¿Cómo podía su doble, su hemana gemela, atribuirle a ella, a la razón, semejante actitud? ¿Acaso se había vuelto loca o es que habían logrado confundirla al querer atribuírsela todos los bandos, todas las posturas? Mi hermana -pensó- ya no sabe quién es.

-Mira, Verdad -comentó Lógica después de tragar y de darse un tiempo-, quizá nos tengan confundidas a ambas. En mi saber no cabe que el más fuerte se imponga al débil, lo haga quien lo haga. Tú y yo nos hemos visto envueltas siempre en el debate del fin y los medios y, hasta ahora, hemos vencido a los que estaban dispuestos a justificarlo todo. El primer problema es que justificar tiene el mismo origen que nuestra prima Justicia, sólo que para la "libre" interpretación y no sujeta ni a ti ni a mí. El segundo problema es que hoy los poderosos se inventan nuestras intenciones, nos interpretan en su beneficio y nos usan como excusa para actuar. Son impunes.

-¿Vuelves a lo de Pinochet?

-No, hoy únicamente me apetece saborear esta salsa.

-No te agobies, al final triunfaremos.

-Al final, querida Verdad, tú sí puede que aparezcas en escena. Pero mucho me temo que tal y como está el patio tan sólo se vea tu sombra chinesca.

-¿Quieres algo de postre, Lógica?

-Sí, pero, por favor, no me pidas macedonia.-

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