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DÍAS DE OSCAR

Pleitos, pasiones y subastas

El enfado de Terrence Malick con sus productores y el 'caso Kazan' marcan la víspera de los premios

ENVIADA ESPECIALMi amiga Guillermina Motta me encargó expresamente que, en Hollywood, me encontrara al menos con uno de nuestros tres Kevin: Costner, Kline y Spacey. Pero la vida es como es y hay lo que hay, y por eso me di anoche mismo de morros con Timothy Hutton, el de Beautiful girls y, mucho antes, el de Gente corriente, que al natural es un chiquilicuatre con gorra puesta al revés (para no ver nada por la nuca) que entra en el Chateau Marmont, glorioso hotel do se escribieron gloriosos guiones y en donde murió John Belushi, de sobredosis y, posiblemente, de estar hasta las narices de los camareros.

Aparte del tema Elia Kazan, que es una especie de minicaso Pinochet que levanta ronchas en la comunidad cinematográfica (la extrema derecha, o quizá no tan extrema, propone que los asistentes a la gala de los Oscar lleven un pin con la bandera de las barras y estrellas, como soporte al soplón), lo más candente en esta ciudad en donde todo es candy (azúcar) es el rebote que se ha cogido Terrence Malick con los dos productores iniciales de su película La delgada línea roja, que goza de siete candidaturas al Oscar, entre ellas al mejor filme y al mejor director. Malick, tan misterioso como el finado Stanley Kubrick a la hora de rodar pero infinitamente menos prolífico y talentudo, rompió con los productores Geisler y Roberdeau, que se gastaron un montón de pasta en engolosinarle para que volviera al cine. Rompió, según él, harto de sus tejemanejes y de sus pufos; y se puso en manos de la Fox y de Phoenix Pictures para terminar de rodar. Y aquí viene lo bueno: estas últimas empresas obligaron a G. & R. a firmar una cláusula por la que se comprometían a no asistir a la entrega de los Oscar ni a subir al escenario a participar en la recogida de estatuilla, en el caso de que La delgada línea roja resultara elegida. Ellos firmaron, dicen, porque de lo contrario les quitarían los nombres de los títulos de crédito, pero lo han largado todo a la revista Vanity Fair, con el consiguiente cabreo de Malick y sus avaladores.

Y ya está bien de asuntos serios. Paso a contarles por qué Lynn Redgrave, aparte de que es una estupenda actriz de la familia de los Redgrave of London, puede hacerse con el Oscar al que opta por su interpretación secundaria en Dioses y monstruos. Trátase de que inspira compasión, pues ha sido abandonada por su esposo y no deja de asistir a ningún sarao, con expresión llorosa y vestida de clase media británica en fase de aprovechamiento de prendas. Mas no crean que ha sido abandonada de cualquier manera: el otro día, un comentarista de la televisión tuvo que recurrir a una pizarra para explicarle al respetable cómo había ido la cosa. Resulta que el marido, hace muchos años, compareció en el feliz hogar con un niño al que presentó como un huerfanito de la familia a quien debían acoger y criar como hijo propio. En realidad, era hijo propiamente suyo, de una relación extramatrimonial. Pasó el tiempo (¿me siguen?), el niño creció y casóse. Pasó más tiempo, y el padre (¿me siguen siguiendo?) se lió con la mujer de su hijo, largándose ambos y dejando plantada a Lynn, que al menos tiene esperanza de Oscar, y al joven, que ni eso.

Para acabar con un toque de frivolidad: se celebró en Christie"s la subasta de trajes que las estrellas han lucido en ediciones precedentes, con donaciones de Liz Taylor, Anjelica Huston, Meg Ryan, Susan Sarandon, Uma Thurman, Emma Thompson, Madonna, Helena Bonham-Carter, Holly Hunter, Julia Roberts, Minnie Driver, Jennifer López, Cindy Crawford, Lauren Bacall y Kate Winslet, que donó el modelo pro Titanic que lució el año pasado. La subasta fue a beneficio de la Fundación Americana para la Investigación del Sida.

Y otra cosa: Geena Davis, que presentará el presshow de la última media hora de entradas a la ceremonia, se cambiará tres veces. Con lo que, en la próxima subasta, aunque dé uno, le quedarán dos. Calculo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de marzo de 1999