La prensa
En el excelente artículo El olvido de la cotidianidad, de Vicenç Navarro, publicado en este diario el 6 de febrero, se puede comprobar un hecho insólito referido a la cuestión del papel de la prensa: el autor increpa a los medios de comunicación por su despreocupación de los asuntos que verdaderamente quitan el sueño a la ciudadanía de este país, y, en consecuencia, critica su falta de sensibilidad y su distanciamiento ante realidades cotidianas que deberían llenar ríos de tintas en sus páginas y en sus pantallas. El autor menciona la falta de trabajo, la inseguridad laboral, las bajas pensiones, la sobrecarga de responsabilidades de la familia, la preocupación de los padres por la calidad de las escuelas de sus hijos, entre otros asuntos que requieren de un debate y de una nueva forma de abordarlos urgentemente. Soy profesora de un IES, y, como muchos compañeros y compañeras, pienso que la escuela debería ser protagonista informativa de la prensa, mucho más de lo que lo son personajes singulares, como son el señor Lequio o la señora Mar Flores. Mucho más acuciante que la identidad nacional o identidades nacionales y, desde luego, mucho más urgentes que la financiación de las películas en catalán. Basta ya de la recurrencia informativa de Lorenzo Sanz, Van Gaal y demás personajes de la galaxia del fútbol. La prensa ha de recuperar su entidad esencial incluyendo en sus agendas el análisis, la opinión y la información de los múltiples aspectos que configuran en la actualidad la educación formal, con una reforma que no acaba de instalarse definitivamente por los graves problemas estructurales y pedagógicos que está acarreando, problemas que, indudablemente, constituyen el origen "de la baja calidad de las escuelas públicas en Cataluña", como afirma el autor del mencionado artículo, o del tan cacareado fracaso escolar. Animo a todos y todas los que lean esta carta a que exijan de la prensa un compromiso de coherencia democrática para que cumpla simplemente con la función para la que ha sido creada: informar con objetividad y amplitud sobre aquellos asuntos que interesan a la mayoría, suministrando a la sociedad de la que depende elementos para una reflexión ponderada, construyendo así el imaginario de la opinión pública, tan necesario en democracia.-
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