Los embriones humanos que no se usen para la reproducción se destruirán a los 10 años

España almacena ya 10.000 óvulos fecundados procedentes de los tratamientos "in vitro"

Las parejas que se sometan a un tratamiento de fecundación in vitro tendrán que responsabilizarse por anticipado del destino de los embriones que no utilicen para la reproducción. Si no los utilizan ni los donan a otras parejas, serán destruidos al cabo del plazo legal de conservación, que aumentará de los cinco años actuales a 10. Así lo recomienda la Comisión Nacional de Reproducción Asistida, organismo oficial creado por ley, entre otras cosas, para solucionar el problema de los 10.000 embriones que permanecen congelados en España y cuyo futuro es una incógnita. La comisión presentará sus conclusiones al Gobierno en los próximos días en un informe al que ha tenido acceso EL PAÍS.

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Nadie sabe qué hacer con los 10.000 embriones que permanecen congelados en bancos de toda España. La propuesta de la Comisión Nacional de Reproducción Asistida -destruirlos al cabo de 10 años- plantea no pocos problemas éticos, ya que organizaciones religiosas y grupos contrarios al aborto consideran que un óvulo fecundado es ya un ser humano.La citada comisión ofrece otra alternativa también polémica: una vez cumplido el plazo legal de existencia, es preferible que los embriones se destinen a la investigación, lo que supone otra forma de destrucción, ya que la ley prohíbe implantar un óvulo utilizado previamente para fines experimentales. Los expertos proponen que, en el caso de que el Parlamento aprobase las medidas contenidas en su informe, se apliquen ya a los 10.000 embriones congelados.

La decisiones que tomen las parejas antes de someterse a un tratamiento de fecundación in vitro sobre el destino de sus embriones sobrantes (la donación, por ejemplo)serán revocables, siempre que se haga de mutuo acuerdo entre ambos cónyuges. La firma de este compromiso servirá, además, para resolver las situaciones de fallecimiento o desaparición de uno o ambos miembros de la pareja, uno de los problemas que han contribuido a la actual acumulación de embriones, según señala en su informe la Comisión Nacional de Reproducción Asistida.

Se calcula que un 40% de los 10.000 óvulos fecundados llevan más de dos años congelados. La ley actual establece que pasado ese plazo los embriones están a disposición de los centros. Sin embargo, esta medida es inútil, ya que que no pueden ser utilizados por otras parejas sin la autorización de los padres biológicos.

En un exhaustivo informe de 96 páginas, la comisión da un repaso a la reproducción asistida desde los puntos de vista técnico, ético y legal. La crioconservación de semen, óvulos y embriones; la retribución económica a los donantes, el destino de los embriones sobrantes para la investigación y la clonación son objeto de debate permanente entre los científicos y gobernantes de todo el mundo.

La comisión empezó a funcionar hace poco más de un año, con 10 de retraso desde su creación en la Ley Nacional de Reproducción Asistida de 1988. Su misión no es sólo asesorar al Gobierno, sino también informar con transparencia a la sociedad sobre los avances científicos y las decisiones políticas que se tomen en España al respecto.

Es un organismo consultivo independiente e integrado por 25 expertos, principalmente científicos, juristas y bioéticos. El Gobierno, el Parlamento y las comunidades autónomas tendrán que justificar cualquier decisión que se aparte de la línea marcada por la comisión. Éstas son las principales medidas que proponen en su informe:

Compromiso de las parejas. Las parejas se deben responsabilizar por escrito del destino de los embriones que no utilicen. Cada cierto tiempo -presumiblemente un año- se les consultará de nuevo sobre qué quieren hacer con ellos. Caben tres posibilidades: conservarlos para otra fecundación, donarlos a otras parejas o conservarlos pese a no tener intención de utilizarlos en el futuro. Los embriones serán eliminados (o destinados a la investigación, si se aprueba legalmente esta posibilidad) cuando finalice el plazo máximo de conservación (10 años). La comisión cree que la destrucción "no es deseable, pero no contemplar expresamente esta posibilidad como última salida contribuiría a aumentar el problema de la acumulación de embriones congelados". A esta explicación añade que, aunque ha de procurarse que la medida "sea excepcional" (lo ideal sería la donación), los padres deben saber que, "tal posibilidad sería la consecuencia de sus decisiones u omisiones conscientes".

Ampliación del plazo. En el caso de que la pareja desee guardar los embriones por si desea más fecundaciones, nunca podrá conservarlos más de 10 años. Este plazo estará, además, vinculado a la edad de la madre: cuando ésta alcance la edad de la menopausia (estimada en torno a los 50 años, con una oscilación de dos años más o dos menos, según el caso), los embriones serán destruidos. El informe explica que "no está demostrado desde el punto de vista biológico que la prolongación [del plazo legal] pudiera afectar a la viabilidad de los embriones".

Investigación. El informe insiste en la necesidad de "plantear con carácter inmediato" las condiciones de la investigación en embriones, que ya "están siendo sometidas a debate en distintos países, e incluso en la Unión Europea". "En la situación de llegar a la destrucción de los embriones congelados que no puedan ser utilizados con fines procreativos, la comisión ha considerado la posibilidad de que estos embriones sean utilizados para la investigación, como alternativa a la destrucción".

Medidas en los centros. La comisión dice que los centros deberían adoptar medidas para racionalizar al máximo el número de embriones congelados. Esta limitación deberá atender a las peculiaridades biológicas y clínicas de cada pareja y en relación con la edad de la madre, por lo que no creen conveniente marcar pautas numéricas.

Apoyo psicológico. Los expertos reconocen que los cambios propuestos pueden provocar más tensión y angustia en las parejas que se sometan a la fecundación in vitro, al tener que asumir más responsabilidades. Por esta razón, recomiendan que se les dé consejo y apoyo psicológico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 21 de febrero de 1999.

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