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Penderecki critica la falta de ideas nuevas en la música actual

El compositor escribe su octava sinfonía

El compositor polaco Krzystof Penderecki, de visita en Madrid para cumplimentar a la Universidad Autónoma, que le nombró doctor honoris causa en 1987, declaró ayer, antes de dirigir dos de sus obras en el Auditorio Nacional junto al joven clarinetista Dimitri Ashkenazi, su hartazgo por lo que considera "falta de ideas de los músicos contemporáneos, que no paran de repetir cosas ya hechas".Penderecki ha venido invitado al ciclo de música que organiza todos los años, desde hace 26, el Departamento de Música de la Universidad Autónoma de Madrid. Autor de siete sinfonías, cuatro óperas y siete oratorios, el músico de Bedica (Cracovia) declaró ayer estar inmerso en la escritura de su octava sinfonía. "Así que sólo me queda ya una para cumplir el objetivo de escribir nueve, como Beethoven", dijo.

Durante una comida con periodistas, Penderecki dejó clara su situación de outsider dentro de la música contemporánea: "En mis conciertos trato de mezclar piezas mías con las de otros compositores. Me gusta contrastarme. Pero nunca elijo músicos contemporáneos; al público hay que darle cosas que entienda y que conozca, y eso sólo lo dan los clásicos".

"Vanguardia hicimos algunos en los años 50", añade luego; "y el grupo de Viena en los años 20. Pero duró poco, y ya no queda nada de aquello, sólo repeticiones sobre el mismo tema, variaciones aburridas y torpes. La vanguardia no existe; aunque espero que vuelva, por ejemplo en los años 20 del nuevo siglo. Porque lo único nuevo de este siglo, en música, es algún instrumento de percusión". ¿Y su afición por escribir música religiosa, no es algo reiterativa también?, le pregunta alguien. "Bueno, aparte de Messiaen, Stravinsky, Shönberg, no hay muchos que lo hagan... Pero estoy acabando el siglo ocupado en la tarea de escribir música de cámara, que es aún más elevada...". Como prueba, en enero del 2000, Anne Sophie Mutter estrenará su sonata para violín y piano en Nueva York.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de febrero de 1999