Atónita
El señor Setién no dejará de sorprenderme nunca. Leo, atónita, las palabras pronunciadas por el obispo en una conferencia de prensa: pide que se reconozcan los derechos de las víctimas y de los presos, pero mi sorpresa es mayor al observar en los medios de comunicación cómo es alabado el comentario por su talante moderado (bastante poco habitual en su persona, al menos hasta ahora). Este pastor de la Iglesia, que se ha caracterizado por su abrumadora sinceridad, siempre inoportuna a mi parecer, que nos ha dejado muy claro de parte de quién está y no ha mostrado ni un ápice de pudor cuando se ha negado a condenar crímenes (porque estaban fuera de su diócesis, por ejemplo), nos quiere hacer creer que en su persona también existe la diplomacia y que no son pocas sus aptitudes para la mediación de una situación como ésta. Aunque muy sacrificadamente, dejará el asunto en otras manos (se lo agradezco de verdad).No tengo absolutamente nada que objetar a que, de forma escrupulosa, se respeten los derechos de los presos; sin embargo, me parece de una hipocresía supina el hecho de que, precisamente él, hable de derechos de las víctimas. ¿A qué se referirá exactamente, digo yo, cuando habla de víctimas? ¿Qué pasa con los muertos? ¿Qué derechos tienen ellos si ya de entrada les han quitado el derecho por excelencia, el derecho a la vida?- . .
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