Valió la pena
Cinco mujeres con sus instrumentos: algo llamativo en un mundo como el de la música popular, dominado en número por los hombres; pero el sexo choca hasta que suena la música. A partir de ese momento, lo único que sorprende y ocupa la atención es la calidad indiscutible del trabajo de estas señoras. Dan unos doscientos conciertos al año, y está claro el porqué. Cherish the Ladies se hacen llamar; el nombre lo han tomado de una vieja jiga irlandesa, y podría traducirse como Apreciando (o mimando) a las damas.Comenzaron a todo tren, con irrupción a media canción de dos bailarinas de piernas largas y evidente capacidad gimnástica -una rubia de Nueva York y una morena de Boston-: fue la señal para que el público se soltara de inmediato con esas palmadas rítmicas que suenan siempre a trote de caballos. Lo mismo que en otras reuniones celtas similares, Cherish the Ladies fueron intercalando temas idóneos para animar a los parroquianos de una taberna con baladas folkies.
Cherish the Ladies
Joannie Madden (flautas y coros), Mary Coogan (guitarra y mandolina), Mary Rafferty (acordeón), Donna Long (teclados, violín y coros), Siobhan Egan (violín y bodhran) y Aoife Clancy (voz, guitarra y bodhran). Colleen Harrington y Deirdre Goulding (baile). Círculo de Bellas Artes. Madrid, 2 de diciembre.
Hubo intermedio. Habría que convocar un plebiscito al respecto, porque estas pausas enfrían el ánimo y luego cuesta recuperar el tono. En la segunda parte se quedaron solas Madden, Clancy y Long para cantar a capella una canción aprendida de la gran Dolores Keane. Música moderna irlandesa enraizada en las antiguas tradiciones y manufacturada en EEUU -aunque de familias irlandesas, ellas son norteamericanas-. Doce años han tardado en venir. Lo recordó Joannie Madden. Valió la pena esperarlas.


























































