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La UE lamenta la escasa integración económica en el sur del Mediterráneo Foro Valencia analiza el futuro mercado único

La posibilidad de constituir una zona de libre comercio que agrupe a todos los países ribereños del Mediterráneo en torno al año 2010 tropieza con graves problemas, según quedó patente en los debates que ha acogido el Foro Valencia durante dos días. Todas las ponencias destacan la escasa integración económica entre los países ajenos a la Unión Europea como primer escollo hacia un futuro mercado único.

La Declaración de Barcelona, firmada hace tres años por los 15 Estados miembros de la Unión Europea y los 12 países ribereños del Mediterráneo desde Marruecos hasta Turquía -incluidos Israel y la Autoridad Palestina- fijaba unos principios generales de cooperación económica y respeto a los principios democráticos en aras a la constitución de una gran zona de librecambio que cobraría cuerpo en torno al año 2010. Una cincuentena de expertos procedentes de 11 de los países firmantes se han reunido durante dos días en Valencia, en el denominado Foro Valencia organizado por el Centro Español de Relaciones Internacionales, para revisar los avances registrados durante los tres últimos años. Jean Louis Reiffers y Lionel Urdy, economistas del Insituto del Mediterráneo, plantearon la dicotomía entre las sociedades europeas ricas y envejecidas frente a las sociedades jóvenes que basan su economía en la agricultura y la industria textil y cuyos sectores públicos resultan excesivamente poderosos. Los dos economistas sugirieron la necesidad de privatizar grandes empresas públicas para liberar capital que permita acometer grandes inversiones en infraestructuras y fomentar el ahorro privado, clave para la inversión. La ponencia alerta sobre los problemas que podría suponer para países como Turquía, que disfrutan de un generoso sistema de protección social, un exceso de prisa en las reformas estructurales para liberalizar los mercados. Tres ponentes, el portugués Álvaro de Vasconcelos, el maltés Stephen Calleya, y los españoles Gonzalo Escribano y Josep María Jordán, coincidieron a la hora de lamentar la escasa integración económica entre los países de la ribera sur del Mediterráneo como un escollo que debe salvarse antes de liberalizar el tráfico de mercancías con la UE. Los países árabes constituyeron la Liba Árabe en 1948 como un foro político que contrapesara la naciente Comunidad Económica del Carbón y del Acero, primer embrión de la actual Unión Europea. Pero más allá de las declaraciones políticas, la integración económica real apenas ha avanzado. Los conflictos entre Argelia y Marruecos, que han llegado a cerrar sus fronteras entre acusaciones de mutua injerencia en asuntos internos. El aislamiento de Túnez que pretende a toda costa frenar el avance del islamismo. La posición específica de Libia, un país riquísimo de apenas cuatro millones de habitantes, junto a Egipto, el país más poblado de la zona y el que mayores esfuerzos ha realizado hacia la estabilización de sus indicadores económicos no facilitan el intercambio comercial en la región. Israel es un caso aparte. El proceso de paz en Oriente Próximo abrió los intercambios comerciales con países árabes, pero su volumen sigue siendo mínimo y el conflicto latente es un impedimento para avanzar hacia la normalización de relaciones económicas. La división de opiniones entre los países árabes hacia el recurrente conflicto con Irak tampoco facilita la confianza. El único ponente ajeno a la UE, el turco Subidey Togan, recordó el peso del sector agrícola en su país y la imposibilidad de aplicar la Política Agrícola Común sin provocar grandes desequilibrios. Al margen de los avances en la eliminación de aranceles desde que Turquía estableciera acuerdos preferentes de comercio con la UE en 1970, Togan insistió en la ausencia de un tratamiento homogéneo desde Bruselas hacia los países ribereños del sur del Mediterráneo.

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