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Una empresa privada de Estados Unidos admite haber clonado ya células humanas

La firma ha usado núcleos de uno de sus empleados mezclados con óvulos de vaca

Una pequeña empresa privada de Worcester (Massachusetts, EE UU) llamada Advanced Cell Technology ha clonado ya células humanas. O, para ser más exactos, ha clonado los núcleos celulares de uno de sus empleados, que contienen todos sus genes, en el contexto celular de un óvulo de vaca. El presidente de la compañía, Michael West, se decidió ayer a hacer público el experimento tras conocerse en los últimos días que el Reino Unido estaba estudiando un proyecto similar para crear bancos de tejidos para trasplantes. Las células murieron después de dos semanas en cultivo.

West aseguró que su intención no es clonar seres humanos completos, sino producir cultivos celulares para luego trasplantar tejidos: el mismo objetivo que el Instituto Roslin de Edimburgo, el creador de la oveja Dolly, ha presentado a la Administración británica recientemente.Pero ni el instituto Roslin ni ningún otro organismo o empresa han admitido nunca haber experimentado con la clonación de células humanas, una técnica considerada un tabú en todos los países, al menos en público. La pequeña empresa de Worcester, en cambio, se ha atrevido ahora a admitir que ya lo había hecho.

Pese a la utilización, por razones de conveniencia técnica, de óvulos de vaca despojados de sus genes, el experimento de Worcester supone una verdadera clonación de células humanas: se utiliza como material de partida una célula de la piel de un adulto -un científico empleado por la empresa, en concreto- y se extrae de ella el núcleo, que contiene toda la información genética del empleado. El núcleo se transfiere a un óvulo de vaca al que se ha extraído previamente su propio núcleo. El resultado es un óvulo híbrido de vaca y humano, pero con el contenido genético completo del humano.

El humano se impone

Ese óvulo empieza a dividirse y a desarrollarse como un embrión cualquiera. A medida que va creciendo, la aportación de la vaca importa cada vez menos, porque los genes humanos empiezan a funcionar e imponen su estrategia de desarrollo. Para eso sirven los genes, precisamente: para guiar al embrión en su proceso de crecimiento, diseño y diferenciación.En principio, si ese embrión se implantara en una mujer acabaría produciendo un ser humano idéntico genéticamente al científico de la empresa de Worcester que aportó la piel. Pero la empresa asegura que no es ésa su intención.

En lugar de ello, el procedimiento se empalma ahí con otra técnica publicada el pasado viernes por el equipo de James Thomson, de la Universidad de Wisconsin [ver EL PAÍS del pasado 16 de noviembre], que permite obtener a partir de embriones humanos de pocos días unos cultivos de células madre que pueden mantenerse indefinidamente en el laboratorio y producen luego, en ciertas condiciones, cualquier tipo de tejido humano adulto susceptible de ser utilizado en trasplantes para reparar órganos dañados.

El presidente de la firma, West, asegura que los cultivos de células madre clonadas con los genes de su empleado murieron dos semanas después de iniciarse, y que ése es un problema técnico que deberá resolver próximamente.

La diferencia con la técnica ya publicada por equipo de la Universidad de Wisconsin es importante. En aquel caso, el material de partida eran embriones humanos obtenidos por fecundación in vitro y que no habían llegado a implantarse en una mujer. Los tejidos resultantes no podrían usarse para trasplantes, debido al problema del rechazo histológico.

Ese problema no existe con la técnica de la empresa: en este caso, las células madre son clones, es decir, células genéticamente idénticas al adulto que aportó su piel. Cualquier persona podría hacerse extraer unas pocas células de su piel y obtener cultivos y tejidos clónicos, genéticamente idénticos a la persona en cuestión, y por tanto totalmente compatibles con sus órganos: sin rechazo.

Opinión pública

James Robl, un profesor de la Universidad de Massachusetts que ha participado en la fundación de la empresa, declaró ayer a Reuters: "Necesitamos dar a conocer a la opinión pública que la hora ya ha llegado, para poder responder a ello y tomar decisiones sobre a qué lugar debemos dirigirnos". La compañía no quiere arriesgarse a fuertes inversiones en un proyecto que la sociedad pueda considerar luego intolerable.A principios de esta misma semana trascendió que el Instituto Roslin de Edimburgo, creador de la oveja Dolly, había elaborado un proyecto conjunto con los científicos de Wisconsin que produjeron cultivos de células madre. Ese plan, que la Administración británica admitió estar estudiando, tenía un diseño y unos objetivos similares al de la empresa privada de Worcester, aunque suponía crear bibliotecas de células de cada bebé. Nadie admitió haber clonado células humanas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de noviembre de 1998