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Crítica:DANZA

Zapatilla de cristal

, El ballet de Prokófiev, de difícil adaptación coréutica, ha pasado a ser parte del patrimonio coreográfico inglés desde hace décadas. Decisivo fue el montaje creado por Frederick Ashton en 1948 con Moira Shearer. El English tuvo su primera Cinderella de las manos de Stevenson en 1973. La tradición balletómana no sólo recuerda a Fonteyn, Park y Seymour, sino al propio Ashton y a Helpmann como las hermanastras.

Derek Deane ha formalizado en esta compañía el sentido de tradición de la escuela británica de ballet. Así las cosas, esta versión de Cenicienta es muy inglesa en formas y contenido, en empaque y ejercicio estilístico. Los diseños de Walker (que ya había hecho otras versiones) inciden en esos cuadros para el espectador "niño-adulto", que decía Legat es el ideal para asimilar en su grandeza los ballets basados en cuentos feéricos.

English National Ballet

Coreografía: Michael Corder; música: Serguei Prokófiev; diseños: David Walker; luces: Paul Pyant. English National Ballet. Director: Derek Deane. Director musical: Patrick Flynn. Con Tamara Rojo, Laurentiu Guinea y Nathan Coppen. The Mayflower Theater, Southampton, día 2 de noviembre.

David Walker hace un excelente trabajo realista primero y fantástico después. La luna-reló es un hallazgo que domina la obra, y la escena del bosque con las cuatro estaciones-solistas, una joya de sutil colorido. En cuanto a la coreografía, gran parte de su lucimiento y éxito se deben hoy a una española que lo borda: Tamara Rojo. Esta madrileña decidió volar como antes otras estrellas del ballet español de la diáspora, que parece ser un destino. Su ascención en el exigente ámbito del ballet londinense sólo tiene comparación en las otrora carreras brillantes de Trinidad Sevillano y Arantxa Argüelles. La técnica de Rojo, su simpatía, y su ataque escénico, son un hecho: dos portadas en The Times y críticas que superan todas las previsiones. Y algo rarísimo: las otras bailarinas van a verla bailar.

La coreografía de Corder es complaciente con la estructura petipatiana del ballet académico. Los cuadros se suceden con armonía lineal y las escenas de conjunto tienen el perfume peterburgués de tradición. Es inevitable compararla con La bella durmiente, pues aparecen citas bien hilvanadas aquí y allá.

Volviendo a Tamara Rojo, hay que decir que su seguridad y giro, sus pies perfectos y capacidad de comunicación la hacen una de las más prometedoras figuras de hoy. Cítese a Nathan Coppen en el papel del maestro: elegante, preciso, de hermosa línea clásica y con unas dotes que adivinan su lirismo, su verdadera clase noble.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de noviembre de 1998

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