La policía de Bélgica mata a una emigrante nigeriana cuando intentaba deportarla

La muerte por asfixia de una joven nigeriana que iba a ser deportada a Togo ha levantado una agria polémica política en Bélgica. La policía intentó acallar sus gritos aplicándole en la cara dos almohadillas en el avión que debía trasladarla de Bruselas a Lomé. La joven se desplomó y quedó en coma. Murió pocas horas después, a las 9.32 horas de la noche del martes en un hospital cercano al aeropuerto. Semira Adamu, de 20 años, tenía que casarse obligada por sus padres con un polígamo de 65 años. Ella eligió la libertad y acudió a Bélgica para pedir asilo político.

En un país como Bélgica, aún no recuperado por los escándalos de la red de pederastras que sacudió a la clase política y judicial, el terrible destino de Semira Adamu ha caído como una bomba. La polémica sobre las expulsiones de inmigrantes ilegales, que hasta ahora se había reducido a manifestaciones de apoyo, ya tiene su primer mártir. El diario Le Soir fue más lejos al afirmar con grandes titulares que Semira ya puede permanecer en Bélgica hasta la eternidad.Ella se había convertido en un símbolo para el movimiento contra las expulsiones. Hasta cinco veces había impedido su deportación. El martes lo logró de nuevo. Pero lo pagó caro: con su vida. Semira se había hecho célebre el 21 de julio, cuando una manifestación en su apoyo ante el centro de retención de inmigrantes acabó con la fuga de casi todos los ilegales que estaban retenidos. Ella no pudo huir porque estaba en una celda.

La muerte de Semira Adamu ha provocado una intensa conmoción en Bélgica y ha puesto en tela de juicio unos métodos policiales considerados brutales. Ya en el pasado éstos sistemas suscitaron la protesta de organismos de derechos humanos como la propia Amnistía Internacional. Adamu estaba en el avión de Sabena que debía trasladarla a Lomé acompañada por dos policías de escolta. Esposada en su asiento, la joven empezó a gritar cuando entraron en el avión los pasajeros. Era un último intento para evitar su expulsión. Los guardias le taparon la cara con dos almohadas para ahogar sus gritos. Pero la ahogaron a ella.

El Gobierno afirma que no hubo violencia y que cuenta a su favor con el testimonio de cuatro pasajeros. El juez tiene ya el vídeo que la policía graba en todos los casos de expulsión para atestiguar que no utiliza la violencia. En defensa de la almohada.

El ministro de Interior, Louis Tobback, defendió ayer la legalidad de la acción policial y del uso de la técnica de la almohada. Lo mismo había hecho en el pasado su antecesor en el cargo, Johan Van de Lanotte: "Es una técnica eficaz que no provoca ningún peligro grave", afirmó ante el Senado cuando se debatió y aprobó la ley de extranjería que legalizó su uso. El caso de Adamu le desmiente ahora.

El sindicato de la Gendarmería ha pedido la suspensión de las expulsiones. El Consejo de mujeres francófonas ha reclamado que los malos tratos sexuales también sean incluidos como factor para obtener el asilo político. Y la oposición ha pedido la dimisión del ministro del Interior.

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Éste se declaró ayer "conmocionado". "Soy el responsable y asumiré por lo tanto mis responsabilidades", afirmó en una turbulenta rueda de prensa. Pero la asunción de responsabilidades no incluye la dimisión. "Nadie puede hacerme daño pidiendo mi dimisión. Estoy vacunado contra eso", afirmó Louis Tobback, un político veterano, líder de los socialistas flamencos, que accedió por segunda vez al cargo hace pocos meses cuando la fuga de Marc Dutroux arrastró a la dimisión a su antecesor, Van de Lanotte, y al entonces ministro de Justicia, Stephan Decklerc.

La polémica belga recuerda la originada en España en junio de 1996 por la expulsión de 103 centro africanos a los que la policía había narcotizado para enviarlos desde Melilla a cuatro países africanos. "Teníamos un problema y lo hemos resuelto", dijo entonces el recién nombrado jefe de Gobierno, José María Aznar. Pero, días después su ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, se disculpó y admitió la torpeza de la acción policial.

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