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La película mallorquina "Bert" sorprende en el Festival de Cine de Málaga

Bert, un filme sobre la fascinación del doble, del mallorquín Lluís Casasayas, se ha convertido en una de las sorpresas más agradables de la I edición del Festival de Cine Español de Málaga. La película, que muestra la compleja indagación de un hombre en busca de un amigo, un célebre ornitólogo misteriosamente desaparecido en Mallorca, es exactamente lo que deberían ser muchas obras primerizas: el exponente de la búsqueda de un lenguaje personal, una historia arriesgada que el director, un hombre largamente vinculado al mundo de la imagen como realizador de cortometrajes, documentales y publicidad, ha sabido llevar a buen puerto.

Por el filme desfilan temas como el ya mencionado del doble, pero también la fascinación enfermiza por hallar las razones que expliquen por qué desaparece el ornitólogo, la obsesión casi maníaca del protagonista, que deviene, primero en un doloroso y estéril viaje iniciático, y luego en una irrefrenable pulsión autodestructiva; el desencuentro amoroso, todo ello a partir de un tempo narrativo de insólito rigor, con una primorosa descripción de la naturaleza isleña e interpretaciones ceñidas a personajes difíciles.

Bert tiene fuerza, convicción y una factura formal hermosísima; delata a un creador sagaz y arriesgado que busca su propia voz, y por el camino la encuentra; de esa bella indagación, quien más gana es el espectador, atrapado en el hipnotismo de unas imágenes poderosas.

Por otro lado, es difícil encontrar una propuesta más diferente a Bert que la que exhibe Manos de seda , de César Martínez Herrada, un thriller convencional hasta la extenuación, basado en manoseados arquetipos, con un punto de partida no muy diferente al que David Mamet propusiera en Casa de juegos, pero evidentemente menos interesante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de junio de 1998