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"CUERNOS DE ESPUMA" Ni azul, ni rosa

Hay un par de momentos en este, desde el título, raro documental que es Cuernos de espuma, en los que se repite el mismo concepto, expresado como un desiderato: algún día habrá un mundo en el que los niños no se vestirán de azul ni las niñas de rosa, sino que todo será, pongamos, verde. Un mundo, pues, ilusoriamente privado de divisiones por género; pero también de educaciones por género. Parece haber una filosofía de vida tras las imágenes de estas drag queens con sus antros de diversión, sus aspiraciones y sus cuitas. Y, sin embargo, nada hay al fin de todo eso: consciente o no, el debutante Manuel Toledano parece haberse contagiado del escaso interés del mundo en que viven sus criaturas a la hora de abordarlo, y tal contagio se transmite a una cámara que capta un mundo de oropeles, colorines y gestos detrás del cual no hay absolutamente nada, pero sin que el director parezca darse cuenta de tal carencia. Toledano, que conoce de lo que habla, no es capaz de transmitir las razones por las que tal mundo le fascina. El único personaje de la acción que parece destinado a juzgarla, Dennis, el que se va de Nueva York y al que se le asigna el único rol dramático de la función, aplasta por la ramplonería cursi de unas reflexiones en off sencillamente infumables.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de mayo de 1998