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MUERE UN CINEASTA DE LA PASIÓN

El realizador Ricardo Franco fallece en pleno rodaje de una película autobiográfica

El equipo de "Lágrimas negras" decide acabar el último filme del cineasta

Fue un duro golpe para el cine español. La larga enfermedad y las operaciones a que había sido sometido el director Ricardo Franco, la última a corazón abierto hace unos meses, no suavizaron lo más mínimo la noticia de su muerte. El cineasta, de 48 años, falleció en la noche del miércoles de un infarto en el hospital madrileño de La Paz. El director de La buena estrella murió con las botas puestas: cortó el rodaje de Lágrimas negras para ver por televisión la final de la Copa de Europa, pero enseguida empezó a sentirse mal. El equipo de la película decidió ayer continuar el rodaje.

Ganador de cinco premios Goya 1997 con La buena estrella, entre ellos los de mejor película y director, a Ricardo Franco, un hombre sin vanidad, noctámbulo empedernido y de talante afable, sólo podía pararle la muerte. El miércoles por la noche hizo un alto en el rodaje para ver por televisión al Real Madrid en un bar próximo, en el barrio del Pilar. Se había citado con unos amigos, entre los que se encontraba el periodista Javier Rioyo, y pensaban comentar la preparación de un homenaje a Elias Querejeta.Llegó a los veinte minutos de empezar el partido con casi todo el equipo técnico, con el actor Fele Martínez, protagonista del filme -faltaba Ariadna Gil, que se incorporaba al rodaje después del corte de la cena-, y con su ex esposa Charo. Al poco de llegar al bar el cineasta empezó a sentirse indispuesto. Al principio pensó que se trataba de una bajada de azúcar por la diabetes aguda que padecía. Se tomó una pastilla pero su estado no mejoró. A partir de ahí las cosas se precipitaron. Se quedó muy pálido y sus amigos le tumbaron en el suelo mientras esperaban la llegada de una ambulancia. «Fue todo tan irreal», explicó ayer Rioyo. «Él en el suelo, lloviendo a cántaros y la gente del bar animando al Madrid. En ningún momento pensamos que se moría».

Tampoco Ricardo Franco fue consciente de lo que pasaba, aseguró ayer al mediodía en el tanatorio de Alcobendas su amigo el director de cine Emilio Martínez Lázaro. «Nada más llegar al hospital notó una mejoría y apuró a los médicos para que procedieran con rápidez porque quería volver al rodaje». En medio de la desolación, Martínez Lázaro sólo acertó a decir que si hace 20 años le hubieran preguntado cómo le gustaría morir, el director de La buena estrella habría respondido que rodando. Una respuesta que, con seguridad, compartirían sus amigos los directores Imanol Uribe y Montxo Armendáriz. El director de Secretos del corazón acertó a decir un «queda su obra». Uribe le describió como «un enfermo de salud de hierro» antes de comentar que Franco, que el próximo domingo hubiera cumplido 49 años, se fue sin sufrir.

Tampoco Pedro Costa, el productor de La buena estrella , quiso hacer declaraciones. «Acabo de hablar con Antonio Resines, que está en Praga, y no podíamos ni hablar». Jordí Mollá y Maribel Verdú tampoco estuvieron para nadie en toda la jornada.

Decisión del equipo

Mientras en las afueras del tanatorio se concentraban periodistas a la caza del famoso, lo que motivó algún enfrentamiento con los familiares de Franco, que se vieron obligados a salir al exterior pidiendo «respeto», la situación en el interior era de dolor. Buster, su hijo mayor, al que dedicó La buena estrella y con el que vivía desde hace un año, estaba como ausente, arropado por amigos de la familia. Buster (en honor a Buster Keaton), de 22 años y con un gran parecido físico con su padre, trabajaba con él como auxiliar de dirección. Tanto el hijo como el resto del equipo tomaron ayer la decisión de continuar el rodaje de la película en la que Ricardo Franco dejó su último aliento.En el guión de Lágrimas negras hay muchas cosas de la propia vida del fallecido y, en concreto, una relación sentimental que tuvo en el pasado con una mujer mayor y que le marcó. «Fue la primera debacle bestial que tuve en mi vida», dijo en una de sus últimas entrevistas al referirse a ese viejo amor. El lunes, confirmó José Antonio García, director de producción de Lágrimas negras , se reanudará el rodaje y ahí se verá cómo se prosigue . En principio, lo lógico es que sea Fernando Bauluz, el ayudante de Franco, quien acabe el filme, del que ya se ha rodado una tercera parte.

El anuncio de la vuelta al rodaje fue el único consuelo de una jornada en la que muchos se acordaron de Pilar Miró. «Fue lo primero que se me vino a la cabeza», dijo José Sacristán; y añadió: «Me impresiona la lucha con el dolor que sostuvieron los dos durante años. Con ese físico, un poco canijo, que tenían y con ese coraje para enfrentarse a la vida».

Ricardo Franco será incinerado hoy a las 11 horas. El cineasta, cuya película Pascual Duarte , protagonizada por José Luis Gómez, obtuvo el premio de interpretación masculina en Cannes en 1977, fue homenajeado ayer por el festival. Gilles Jacob, director del certamen, recordó ayer al realizador y dijo: «Murió como Molière: en escena».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de mayo de 1998