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Hallados unos restos óseos que pueden ser de la joven desaparecida Llum Valls

Los padres de Llum Valls se aferraban ayer con fuerza a la definitiva prueba del ADN para continuar creyendo que su hija sigue viva. Los indicios objetivos decían lo contrario. Ayer por la mañana, agentes especiales de la policía encontraron en un abrupto barranco que tiene una caída de 80 metros, al pie del río Ripoll, en Sabadell, unos huesos humanos; y junto a ellos, unas pulseras, una zapatilla de una conocida marca, unas llaves y una cartera. Las pulseras, la zapatilla y la cartera eran las que llevaba Llum el jueves 7 de agosto del año pasado, día en que desapareció. Las llaves son las de su casa.

Las pruebas forenses, básicamente la determinación del ADN de los restos, serán las que se encarguen de dar carpetazo a una historia trágica que se desencadenó la cálida tarde del 7 de agosto de 1997 en la estación de Renfe-Centro de Sabadell. Allí acudió Llum Valls, una estudiante de 16 años, para despedir al que había sido su novio y, seguramente, para, en un último esfuerzo, intentar rehacer una relación que el joven había roto. El muchacho cogió el tren; Llum nunca ha vuelto a ser vista desde entonces. A mediados de noviembre, muy cerca de donde ayer aparecieron los restos, en el tramo del río Ripoll junto al puente de la Salud, en una zona en la que se entremezclan huertos, cañizares y vetustos vapores industriales, un paseante encontró una mochila. Era de Llum y en ella se hallaron algunas pertenencias como su cartilla de ahorros, pero ni rastro de otras huellas que no fueran las de la joven. Pese a los continuos rastreos de la zona, una cortina de espeso silencio volvió a desplomarse sobre el caso. Hasta ayer, en que agentes del Grupo de Operaciones Especiales (los superespecializados y elitistas Goes) del Cuerpo Nacional de Policía se descolgaron con cuerdas de escalada por un barranco y en una de sus oquedades encontraron unos huesos humanos semienterrados. Hace cosa de un mes un joven se despeñó por el barranco en el que ayer hallaron los restos óseos. Tan abrupto es el lugar que para rescatar al joven se tuvo que recurrir a un helicóptero de los bomberos. Este incidente le dio a la policía la idea de rastrear las escarpadas laderas. Allí podría encontrarse el cadáver. Se pusieron manos a la obra. La difícil orografía hizo que se recurriera a los Goes, una unidad de intervención entrenada para todo tipo de situaciones con una alta preparación física y acostumbrada a los ejercicios de escalada. Allí fueron el pasado lunes y el martes encontraron los primeros restos. Ayer, además de las pulseras y las llaves, otro dato llevó a creer a los forenses que se hallaban ante lo que quedaba de Llum: las características morfológicas y antropométricas de los huesos que hallaron coinciden con los que una persona de 1,50 metros de estatura, lo que medía Llum. Josep Valls y Montserrat Torruella, los padres de la joven, que llevan nueve meses removiendo cielo y tierra para recuperar a su hija y que en estos 276 días han dado muestras de un temple y de una voluntad roqueñas, no quisieron ayer pronunciarse sobre el descubrimiento. Quien sí lo hizo fue Eugeni Sánchez, abogado de la familia. Sánchez, en declaraciones a Catalunya Ràdio, resaltó que había pocas dudas sobre la pertenencia de los huesos y, aunque sin decirlo con todas las palabras, aportó un dato: dio a entender que la muerte de la joven pudo ser un suicidio por desengaño amoroso. Señaló que escritos de Llum hallados tras su desaparición dan a entender este final si había ruptura sentimental definitiva. Más tarde, los padres de Llum también admitieron la posibilidad del suicidio. Tras la casi cierta resolución del caso Llum, queda pendiente el de Cristina Bergua, una joven de Cornellà, también de 16 años, que lleva 14 meses desaparecida. Los padres de Llum y los de Cristina han trabajado conjuntamente en la búsqueda de sus hijas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de mayo de 1998

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