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CARTAS AL DIRECTOR

Moneda única y burocracia

Si bien España está en cabeza del pelotón en cuanto a moneda única, está en el furgón de cola en cuanto a eliminación de barreras burocráticas para los comunitarios residentes aquí. Tras 19 años de residencia legal en España, la renovación de un permiso de residencia comunitario sigue siendo un auténtico vía crucis y el tratro sigue siendo tan vergonzoso como antes. La cola que seguimos aguardando en puertas de la comisaría de Moratín es, si acaso, aún más larga y variopinta que la de los Madrazo, pero sobre todo sigue siendo única para todos: comunitarios y no comunitarios, legales e ilegales, renovación o primera solicitud. ¡Comunitarios quizá, extranjeros desde luego!Mi último vía crucis tiene fecha de primeros de octubre, y a últimos de abril no sé nada de mi nueva tarjeta. Silencio administrativo. Las listas de espera del Ministerio del Interior son más largas y más herméticas que las de la Seguridad Social, pero claro, no preocupan tanto a la opinión pública. Pues no soy española, aunque lleve viviendo, trabajando y pagando impuestos en España desde hace dos décadas. Si hubiera tenido un DNI, me hubiera llevado un mes renovarlo y, encima, con cita previa. ¿Y si fuese votante, me harían más caso? Pero claro, como comunitaria francesa que soy, tampoco tengo derecho a votar. Ayer llamé al teléfono que Hacienda ha puesto a disposición de los contribuyentes para hacer la declaración de la renta. Tampoco sirve para comunitarios, pues no reconoce los números de tarjetas de residencia. Mucha moneda única, pero ¿qué pasa con el trato? Desde luego, ¡es único!-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 5 de mayo de 1998