MEDIO SIGLO DE INDEPENDENCIA

Colonos y ortodoxos intentaron monopolizar las celebraciones del 50º aniversario de Israel

Colonos y ultraortodoxos judíos se movilizaron ayer tratando de monopolizar, en nombre de la tierra y de la religión, la celebración del 50º niversario de la proclamación del Estado de Israel. Las autoridades lograron mitigar sus protestas haciendo concesiones importantes como la modificación del gran acto oficial, el espectáculo histórico músical Campanas del Jubileo. La reacción no se hizo de esperar. El director del ballet presentó su dimisión; los bailarines y un imitador se negaron a actuar en solidaridad con él , e incluso un ministro abandonó el lugar en protesta por la rendición ante los religiosos.

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La suspensión del ballet minutos antes de que se iniciara la gala es sólo la punta del iceberg de las diferencias que enfrentan a dos visiones de Israel, la del sector laico y la del sector religioso. Los bailarines se solidarizaron con el director de la prestigiosa compañía Bat Sheva, Ohad Naharim, quien dimitió para no tener que ceder a las presiones de los judíos ortodoxos. Éstos obtuvieron la mediación del presidente de la República, Ezer Weizman, para que se modificaran algunas escenas en su opinión ofensivas para sus creencias. Tres partidos religiosos que cuentan con 23 diputados de los 120 que tiene el Parlamento juzgaron indecente que los bailarines se quedaran en ropa interior en el escenario.Nada más hacerse pública la concesión, otro conocido artista, el imitador Touvia Tsafrir, se retiró del programa. También abandonó la tribuna de autoridades el ministro de Agricultura y Medio Ambiente, Rafael Eytan, del partido laico Tzomet. Eytan manifestó que se iba «para protestar contra la coerción religiosa».

La ceremonia prosiguió no obstante, con la presencia como invitado de honor del vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, quien se ganó a los asistentes con unas palabras en hebreo. Poco antes, a su llegada, Gore había ofrecido a Israel otros 50 años de protección.

Pero las diferencias en Israel no sólo las marca la religión, sino también la tierra. «Esta tierra nos la dio Dios», aseguraban por la mañana militantes y simpatizantes del movimiento de los colonos de Israel, mientras avanzaban a pie, bajo un sol de justicia, hacia la cima de la colina de Abu Ghneim, situada en el extremo sur del Jerusalén árabe y que los judíos denomina Har Homa. Desde esde hace más de un año se proyecta en ese lugar la construcción de un nuevo asentamiento para 6.200 familias judías, pero las obras están congeladas por las presiones internacionales sobre el Gobierno de Netanyahu.

Más de diez mil personas participaron en esta marcha deshilvanada, que se prolongó durante toda la jornada, mientras enarbolaban y agitaban al viento banderas blancas y azules de Israel, pancartas en las que se podían leer frases contra el proceso de paz, los Acuerdos de Oslo o contra la mediación del presidente Bill Clinton en el conflicto con los palestinos. Con todo, las más numerosas eran las que reclamaban la defensa y la construcción del asentamiento de Har Homa, convertido para ellos en una nueva «tierra prometida». En un recodo del camino, un reducido grupo de militantes pacifistas, de la organización Paz Ahora, potestaba a gritos, protegido y aislado por un cordón policial.

«¿Los palestinos? Está tierra no es suya. Ellos pueden consruir su Estado en cualquier lugar. En Jordania, en Arabia Saudí, en el golfo (Pérsico). Ésta tierra es nuestra. Ésta es la mejor manera de festejar el 50º aniversario del Estado de Israel», aseguraba un padre de familia, mientras empujaba cuesta arriba, por la carretera de asfalto, un carrito con su hija de pocos meses y detrás de él avanzaban, en formación compacta, todos los suyos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 30 de abril de 1998.

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