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Los Planetas recorren nueve ciudades para presentar su tercer disco

El grupo afirma que su música persigue las emociones por encima de las ideas

Llevaban dos años de silencio musical y sobre ellos pesaban rumores de disolución, pero su nuevo disco, Una semana en el motor de. un autobús (RCA), del que se han vendido 12.000 copias en una semana, ha llegado en el momento justo. J. Rodríguez, cantante y compositor de Los Planetas junto a Florent, guitarrista, siguen empeñados en hacer canciones comprometidas con su entorno más próximo. "Sólo me interesa hablar de lo que me rodea. No he estado en Bosnia y me resultaría difícil hablar de la guerra, bastantes problemas tengo en mi cabeza" asegura J. Rodríguez.

Los Planetas gozan de buena salud. Viven en Granada y no cambiarían la "calidad de vida" de la ciudad, que los vio nacer y en la que se han criado, por nada. Ayer al mediodía desembarcaron en la sede de su casa discográfica cargados con la bolsa de viaje y luciendo atuendos deportivos. Venían de Barcelona, donde han comenzado la promoción del nuevo álbum, y el sábado inician en Guadalajara una gira que les llevará por nueve ciudades. "Están demasiado pendientes de nosotros y se inventan muchas cosas que no son verdad", aseguran casi a dúo J. y Florent al referirse a la crisis del grupo que acabó con la salida de Raúl y May, batería y bajista. Ambos abandonaron la formación por problemas personales. Una semana en el motor de un autobús, compuesto por 12 canciones en las que no faltan las melodías contagiosas que han hecho famoso al grupo, se empezó a grabar en enero del pasado año. Para entonces ya habían hecho las primeras pruebas de sonido con el batería Erik Jiménez, ex miembro de Largartija Nick y el bajista Kieran Stefan, un nórdico que se enamoró de Granada y se quedó a vivir allí.

Dependencias

En el nuevo compacto de Los Planetas continúan las alusiones a las dependencias cotidianas y a la autoestima: "Todo ser humano necesita evadirse y drogarse con algún tipo de sustancia. A mí me transmiten sensaciones que me resultan gratificantes y si lo pienso creo que no conozco a nadie que no se drogue, el que menos se hincha de vino", aclara J., quien abandonó la carrera de sociología para escribir canciones. En la cabeza del grupo no entra para nada, hacer apologías. Sin embargo, una de sus letras, Línea 1, parece apuntar en otra dirección: "Toda esta mierda se acabó/ /voy a dejarlo//, ya no me gusta nada/ /, quiero recuperar los discos y más cosas que he perdido./ / Después pensé mejor que no/ /y me fui a pillar un poco". Cuidadosos con su imagen, repiten por tercera vez con Javier Aramburu en el diseño de la por tada: una enigmática X. La preocupación por los textos es otra constante en la trayectoria de un grupo que nunca incluye las letras en el interior de los discos. "Me interesa mucho lo que digo en las canciones. Siempre escribo en primera persona, pero pocas veces tengo la letra antes que la música", aclara J. Su opinión, que comparte Florent, es que si se tienen cosas que decir mediante palabras lo mejor es hacer música. Con un poemario no serían capaces, dicen, de llegar a más de trescientas personas. "Un grupo musical es la mejor forma de transmitir ideas, aunque en mi caso podría hablar más de emociones que de ideas. Escribo sobre las cosas que me hacen sentir emociones".

Una semana en el motor de un autobús es el tercer compacto que graban para una multinacional. Líderes del movimiento indie en castellano, aseguran estar hartos de las etiquetas que la prensa pone a todo. "Sí, grabamos con una multinacional, pero eso no ha cambiado nuestra vida. Seguimos siendo independientes y haciendo lo mismo de siempre aunque ahora dispongamos de más dinero"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de abril de 1998