Un debate destaca el estilo "clásico y contemporaneo", de Manuel de Lope

Una tertulia analiza la novela 'Bella en las tinieblas'

En esta semana que hoy empieza, que es, con rosas y sin rosas, la del libro, y a un año de la aparición de Bella en las tinieblas (Alfaguara), la última novela de Manuel de Lope, se reunió ayer un grupo de amigos y lectores para hablar de literatura y de paso de este libro de Manuel de Lope. La citada novela no sólo ha tenido buenas críticas, sino sobre todo buenos lectores, que son los que dan vida a las novelas cuando funciona el boca a boca. El debate destacó el carácter "clásico y contemporáneo" de De Lope.

Así, se reunieron su editor, Juan Cruz; el crítico Miguel García-Posada; y el periodista Javier Rioyo, además del propio Manuel de Lope. Luchando contra la fama que le persigue de ser hombre de pocas palabras en público si es para hablar encima de su propia literatura, De Lope se explayó todo lo que fue necesario en un improvisado papel de moderador, encauzando alabanzas ajenas y entibiando elogios. Bella en las tinieblas es la primera novela que Manuel de Lope, burgalés, y con más de 25 años de residencia fuera de España, ha escrito en su país. A esto no le dio ninguna importancia, al fin y al cabo, aunque su segunda novela la escribió en francés y en Francia apareció antes que en España, siempre ha tenido claro que su idioma es el español. Un español que en él "suena", según Miguel García-Posada, "con la verdad de los clásicos, sin que por eso deje de ser contemporáneo, que lo es".

Para García-Posada, no deja de ser significativo que "sin alharacas, pero sí con el respaldo de los que leen, Bella en las tinieblas siga navegando en el aprecio de los lectores". Para el crítico "éste es el verdadero rostro del éxito. La justicia literaria es lo único que importa. La literatura no tiene nada que ver con la democracia. La calidad no tiene nada que ver con la estadística".

La novela tiene como protagonista a una mujer muy célebre en el Madrid de los años cincuenta, amante de un ministro de Franco y que tenía abiertas tertulias bien dispares en un hotel taurino madrileño, donde se alojaba en una suite a pensión completa. Aquella fascinante mujer vivía en el recuerdo de escritores que la trataron como Ángel González, Juan García Hortelano, Juan Marsé y Carlos Barral. Y los cuatro le transmitieron esa fascinación a Manuel de Lope, que los escuchó como amigos. Pero otra cosa, enfatizó, es lo que quiso oír el novelista: que fue poco y es que, aseguró, "el exceso de información mata las novelas, ahoga la creatividad".

Por eso enarcaba escéptico una ceja cuando sus lectores amigos creían haber encontrado ese balneario -el de la novela- en un balneario real, éste u otro. "Puede ser ése y ese otro todo lo que yo conozco lo hago mío y luego a la hora de escribir sale lo que sale, pero no tiene que ser real forzosamente", comentó.

Ya puestos en tertulia quiso saber García-Posada si Manuel de Lope se consideraba un faulkneriano frustrado. "Me siento", confesó, "frustradamente faulkneriano como todos los escritores españoles, pues no ha cuajado, entre nosotros, una visión faulkneriana de la historia de España" .

Y es que, en su opinión, el largo franquismo acallando el recuerdo de la guerra civil española -"el acontecimiento más significativo de la historia de España desde la invasión napoleónica"- ha impedido que los escritores españoles, al contrario que Faulkner y tantos otros narradores norteamericanos, hayan escrito sobre ese tema literario tan sugestivo como es el de los vencidos, la grandeza de la derrota. "De la guerra civil sólo quedan en España restos en el paisaje; allá donde vayas te encuentras su huella", concluyó De Lope, feliz tal vez de hablar de otras cosas que no fuera, sólo, Bella en las tinieblas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0019, 19 de abril de 1998.

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