Noche inconclusa de buena música
La escena musical británica lleva un tiempo reafirmando, tras unos lejanos años de confusión, que, una vez más, su supremacía como creadora musical e indiscutible innovadora está muy por encima de lo que pueda surgir fuera de sus islas. Grandes artistas de calidad como Portishead, Trycky o Massive Attack, entre otros muchos, conviven con pequeñas formaciones que surgen continuamente.Cornershop es quizá una de esas formaciones que, de forma más modesta pero con indudable interés, solidifican una música perteneciente a los noventa y dominada por la libertad. Libertad sobre todo a la hora de escoger instrumentos, de fusionar mundos, de acercar cualquier posibilidad entre las que se encuentra la adopción sin reparos de las máquinas, que han entrado a formar parte ya no sólo de los locales de baile, sino de las bandas; ahora son componentes del elitista mundo del instrumento musical, lo enriquecen y lo revalorizan.
Cornershop
Ben Ayres (geetar y teclados), Peter Bengry (percusión), Anthony Saffery (geetar, armonium y teclados), Nick Simms (batería), Tjinder Singh (voz y guitarra). Sala Caracol. Madrid, 5 de abril.
La banda de Tjinder Singh, vocalista y productor de la mayoría de los temas de When I was born for the seven time, su tercera y última entrega discográfica, une Oriente y Occidente, el geetar, el funk y los ritmos contundentes del hip-hop sin fisuras ni estridencias.
En la madrileña sala Caracol, la buena música de Cornershop sólo pudo escucharse durante tres escasos cuartos de hora de un recital en el que la apatía de su vocalista contrastaba con la riqueza de sus eclécticos y rítmicos temas. Acompañados por unas pantallas desplegadas tras el escenario, en las que no cesaron de aparecer luminosas imágenes de caligrafía y danzas hindúes, Cornershop no quiso agotarse en el concierto y se despidió sin bises, dejando al público perplejo y la noche inconclusa.


























































