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Crítica:POP

Brillante ortopedia

Lo que está en juego en la presente gira de Antonio Vega es mucho: se trata de comprobar si tiene viabilidad como artista de directo a finales del milenio o si su proverbial desarreglo le condena al limbo de los pubs y pequeños locales, guitarra acústica en bandolera.El Antonio Vega de 1998 quiere enterrar su mala reputacíón y ahora se presenta rodeado por un equipo de cracks incapaces de tocar sin brillantez. Con el actual grupo, Antonio acorta distancias sonoras con los cantautores de guardia y los artistas supervendedores. El opulento respaldo permite incluso que haya duelos de guitarras -sin víctimas- e interludios de onanismo instrumental muy celebrados por el público y por los propios músicos, que no cesan de besarse y congratularse por su contundencia.

Antonio Vega

Antonio Vega (voz, guitarras), Nacho Béjar (guitarras, coros), Billy Villegas (bajo), Basilio Martí (teclados), Pedro Andrea (guitarra, armónica, trompeta), Angy Bao (batería), Cristina Narea (coros), Mar (coros). Invitados: Ketama. Palacio de Congresos. Madrid. 31 de marzo.

Todo vale para eliminar estigmas y recuerdos penosos. El artista sale y lanza un lirio de reconciliación al público; luego mantiene una actitud distendida en sus gestos y parlamentos. En un alarde de generosidad, incluso derrama elogios sobre una ninfa cimbreante que ejerce de corista invitada, la cantante Mar, con la que comparte management.

La voz de Antonio Vega sigue quebradiza, pero convenientemente tratada en unos temas y reforzada por gargantas ajenas en otros, tiene un pase. Aunque las instintivas comparaciones con su admirador Antonio Carmona, presente en Se dejaba llevar por ti, no le sean favorecedoras.

Repertorio sin descarga

Otro asunto es la selección del repertorio. Inclinado lógicamente hacia sus discos en solitario, necesita urgentemente algunas descargas de rock eléctrico (digamos, del cancionero de Nacha Pop; Chica de ayer, resuelta irrespetuosamente, no aporta suficiente sabor a la mezcla).Fueron los primeros pasos de un grupo y, dadas las circunstancias, todavía no se pueden exigir mayores riesgos.

Con una exquisita amplificación y vistosas luces, el concíerto consigue algo que parecía improbable: la recuperación de Antonio Vega como artista apto para presentarse ante multitudes, en un contexto de rock adulto. Aunque alguno de los asistentes suspirara con el vertiginoso caos de un Homenaje a Nacha Pop que se celebró una semana antes a poca distancia del Palacio de Congresos, en una sala Moby Dick, abarrotada y humeante, con compañeros de viaje de Antonio Vega equivocándose, echando las vísceras, divirtiéndose con canciones de alta tensión. Tal vez Antonio ya no pueda recuperar esas páginas de juventud, pero sí podría asumir algo de aquel turbulento espíritu.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de abril de 1998

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