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Dos atracadores asaltaron ocho bancos tras romper los blindajes con un mazo

Sus atracos suponían auténticos mazazos para los bancos. El Grupo XII de la Policía Judicial ha detenido a Juan Pablo G. L., de 36 años, y a Carlos Z. A., de 39, como supuestos autores de ocho asaltos a sucursales de Madrid. Los robos, en los que obtuvieron unos 12 millones de pesetas, seguían casi siempre un mismo patrón: un atracador irrumpía en la oficina pistola en mano y amenazaba a los empleados, el otro asaltante subía al mostrador y rompía con un mazo los cristales blindados para llegar a la caja.

El primero de estos atracos fue cometido el 16 de enero de 1997 en la sucursal del Banco Popular de la calle de Marcos Orueta, 1. Después llegarían las oficinas de La Caixa (calle de Oña) y Argentaria (Gutierre de Cetina). Tras un paréntesis veraniego, en septiembre y octubre repitieron con las sucursales del Popular y de Argentaria. Luego vinieron dos cajas postales (carretera de Canillas y Sangenjo) y una sucursal del Guipuzcoano (Gonzalode Céspedes).

Deformados los rostros con medias, los atracadores apenas perdían el tiempo una vez dentro de la sucursal. El director de la sucursal del Banco Popular recordaba esta profesionalidad. "Estudiaban el sitio antes de, entrar. Aquí, en el Popular, atracaron por la mañana, a primera hora, cuando no había clientes. El golpe de mazo les servía para desgajar los anclajes de la luna de ventanilla y dejar así hueco suficiente para pasar a la caja. Donde cogieron a toda velocidad el dinero y se marcharon".

En pareja

En el exterior del banco les aguardaba un coche robado con el que emprendían la huida. "Salían pitando. Aquí no tardaron ni cuatro minutos en atracar. No eran violentos con los clientes, pero sí lo suficientemente fuertes como para tumbar el cristal blindado", rememoró la interventora de la oficina de Argentaria. En la mayoría de sus golpes actuaron en pareja y en sucursales que, al tener blindadas las ventanillas, carecían de esclusas de seguridad en la puerta. Distinto fue el método empleado en el Guipuzcoano el 16 de febrero. Allí, como recuerda el director, entró uno sólo: "Sabía lo que hacía, amenazó a un empleado y a un cliente y advirtió al cajero que no tocase el billete-cebo [si se tira de este billete, se encienden las alarmas]. Para huir, cogió a una empleada, con la que atravesó las esclusas".Éste fue el último robo. A finales de febrero pasado, el Grupo XII de la Brigada de Policía Judicial, tras localizar su domicilio, les detuvo cuando se dirigían al poblado marginal de Torregrosa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de marzo de 1998