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Líos presidenciales

Allá vamos de nuevo con otra historia de cama de Bill y esa floja cremallera presidencial. Esta vez (...) ha sido acusado de haberse entretenido regularmente en su estudio privado del Despacho Oval con una antigua empleada de 23 años, Mónica Lewinsky. La habitación es demasiado pequeña para un sofá, está atiborrada de palos de golf y cualquier actividad lasciva tendría lugar bajo la mirada de Winston Churchill, de la colección de retratos que posee Clinton. La cuestión es si a la señorita Lewinsky se le ofrecieron empleos por mantenerse callada y si esto equivale a obstrucción a la justicia y conspiración para cometer perjurio, suficiente como para poner en peligro la presidencia. (...)Actualmente, Estados Unidos disfruta de su periodo más continuado de paz y prosperidad desde los años veinte. El presidente es popular, a pesar de que la mayoría de sus votantes sospechan que su moral sexual es tan relajada como las encuestas demuestran. Y la mayoría republicana en el Congreso debe decidir si merece la pena destituir a Clinton, si eso lleva consigo el riesgo de perder las próximas elecciones al reforzar al vicepresidente, Al Gore, como nuevo titular de la Casa Blanca. (...)

La tradición de la Casa Blanca de infidelidad en serie, establecida por John Kennedy y Lyndon Johnson, debe ser tan enorme como estúpida. Pero no debería ser, sin embargo, causa de destitución.

23 de enero

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