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Crítica:XIV FESTIVAL DE CANARIAS
Crítica

Guillermo González, en el homenaje a Power

, El pasado 6 de enero se cumplieron 150 años del nacimiento en Tenerife de Teobaldo Power, gran pianista romántico y afecto al espectacular virtuosismo de Gostschalk, discípulo de Barlart y de Heller y Thomas. Entre la abundante creación pianística de clara filiación chopiniana y lisztiana, Power se alza en el corazón de los canarios con sus célebres cantos en los que suena el Arrorró y se intimiza la Malagueña.Guillermo González los puso en pie una vez más para renovar antiguas o recientes emociones en la audiencia canaria. Fue precisamente González, quien tiene grabada toda la obra pianística de Power, protagonista de un homenaje al músico tinerfeño muy inteligentemente proyectado. A un hombre como Power, que durante su breve existencia se situó en la primera línea de la renovación musical, había que recordarle desde actitudes análogas. Así pudimos escuchar a Guillermo González páginas de músicos españoles de hoy dedicadas a Power. El fuego, cuarta parte de Los elementos, de Carlos Cruz de Castro, es brillante, en cierta medida impresionista, está pensada y realizada con seguridad a través de un virtuosismo crepitante. Zulema de la Cruz dedica su Latir isleño a Power y a otra figura de la música tinerfeña con la que está emparentado: Antonio Lecuona Hardison. El latido trasluce una sensibilidad refinada y muestra unos procedimientos intimistas y extremadamente concisos; con ellos rodea Zulema de la Cruz el tema del Arrorró de un clima levemente poético y mágico.

Por encargo del festival, compuso Juan José Falcón Luz de aura, nueva expresión intensa, entre plástica y lírica, del compositor de Las Palmas, tan fuerte y muralista unas veces como íntima y sugerente otras.

González hizo verdaderas creaciones de todas las obras y sus autores recibieron el homenaje caluroso del público que llenó el auditorio. El entusiasmo llegó al máximo con el pianismo de Manuel de Falla, desde las Piezas españolas al Homenaje a Dukas, pasando por la Fantasía bética. Sonó fresco, vivo, místico o intrahistórico en manos de González. El éxito fue excepcional y el pianista respondió a él con la atractiva Habanera, de Ernesto Halffter.

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