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Crítica:FLAMENCO

La identidad de una bailaora

El baile de Sara Baras abrió un ciclo de tres conciertos. Sara -gaditana de 26 años, guapa y con gusto para verter su baile- está realizando una carrera interesante que sin duda la llevará muy lejos. Por que además baila bien. Tuvo, podríamos decir, algunas vacilaciones en fechas recientes. Ahora, cuando vuelve a ser responsable primera de su quehacer, retoma los anteriores caminos que, efectivamente, parecen ser en los que más a gusto se encuentra. Sara Baras deberá definirse de una vez sobre el estilo en que se establece, porque sólo así podrá avanzar firmemente hacia el logro de una personalidad artística que la identifique.Sara Baras bailó muy bien por siguiriyas y por alegrías, los dos géneros flamencos en que viene trabajando habitualmente en los últimos tiempos. Esperábamos, quizá, alguna novedad, pero no la hubo. La novedad fue un arte más afinado, más profundo, sobre todo, en las siguiriyas. La bailaora hizo el más dramático de los bailes flamencos recogida en sí misma, interiorizando sentimiento, sin concesiones a efectismos siempre indeseables. Y en ese proceso demostró gran madurez, con un aparato gestual perfectamente adecuado a la naturaleza del baile y una bellísima plasmación estética de todo su cuerpo.

Recital de Sara Baras

Con Montse Cortés, Guadiana y Antonio Amador El Ciervo (cante); Jesús del Rosario y Mario Montoya (guitarra); Juan Pablo Muñoz (violín); Eloy Heredia (Flauta); Israel Suárez Piraña (percusión). Madrid, Anfiteatro Colegio de Médicos, 19 de diciembre.

El resto del espectáculo se nos quedó algo pobre, aunque destacara como siempre el cante de esa excelente cantaora que es Montse Cortés.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de diciembre de 1997