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Concedidos los premios nacionales de investigación médica y técnica

Gabriela Morreale, bioquímica, y José Luis Huertas, especialista en microelectrónica, obtuvieron ayer los premios nacionales Gregorio Marañón, de investigación médica y Leonardo Torres Quevedo, de investigación técnica, respectivamente. Estos premios, junto a otros dos que se fallarán el próximo lunes, son concedidos cada dos años por el Ministerio de Educación y Cultura y están dotados con 12 millones de pesetas cada uno.El premio nacional Gregorio Marañón de investigación médica es el más novedoso, porque se concedió ayer por primera vez. La galardonada, Gabriela Morreale, es profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Nació en Milán en 1930 y está nacionalizada española desde 1953. El galardón le ha sido concedido, según el jurado, por sus "trabajos en fisiopatología del tiroides que contribuyeron a la erradicación del bocio endémico, a la detección precoz del hipotiroidismo y a la consiguiente prevención del cretinismo".

Su preocupación por estos temas le hizo luchar por la introducción en España de medidas prácticas tales como el uso de sal iodada para evitar el bocio. Es académica de honor de la Real Academia Nacional de Medicina y, tanto a nivel nacional como internacional, está considerada pionera de la investigación básica en endocrinología. Desde finales de los años 50, junto a su marido, Francisco Escobar del Rey, ha centrado su investigación en el metabolismo y acción de las hormonas tiroideastiroxina y tri-iodotironina. Ha demostrado la participación de la hormona materna en el desarrollo del cerebro del feto y su relevancia para el desarrollo mental y psicomotor del niño.

José Luis Huertas, el otro galardonado, nació en Sevilla en 1947 y es catedrático e investigador del Instituto de Microelectrónica de Sevilla del CSIC. Ha obtenido el premio "por su contribución al avance de los conocimientos en la síntesis y el diseño de circuitos integrados no lineales".

Se ha estimado su contribución a la teoría y las aplicaciones de este tipo de circuitos, un campo que ha evolucionado a lo largo de los últimos 20 años hasta llegar a aplicaciones prácticas como las redes neurales y la lógica difusa. A comienzos de los años noventa, reorientó su investigación hacia uno de los problemas prácticos de mayor incidencia en la microelectrónica actual: la verificación y pruebas de circuitos integrados complejos que incorporan componentes analógicos y digitales en un mismo chip.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de diciembre de 1997