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BIOTECNOLOGÍA

Anticuerpos quiméricos al asalto del linfoma

Un batallón de refuerzos se ha sumado a la lucha del organismo contra el cáncer. Los soldados de refresco, recién salidos de los laboratorios de biotecnología, son idénticos a las huestes del sistema defensivo natural -los anticuerpos- excepto en un punto: mientras que éstos no atinan a reconocer el enemigo agazapado en las células vueltas tumorales ni, por consiguiente, a destruirlas, aquéllos sí saben localizar el mal y atacarlo con denuedo.No es la primera vez que la investigación médica lanza contra los tumores este tipo de arma biológica, los anticuerpos artificiales monoclonales. Más anteriormente las oleadas de atacantes sucumbían a los embates del sistema inmune del organismo, que los confundía con cuerpos enemigos a eliminar. Semejante respuesta se debía a que estas creaciones de ingeniería genética derivaban de inmunoglobulina de ratón, una proteína extraña al cuerpo humano. Pero la actual generación de anticuerpos monoclonales cuenta con mejores posibilidades de sortear el fuego amigo debido a su peculiar constitución: una combinación de anticuerpos de ratón con antígenos de las células B humanas. El resultado es un ente quimérico, un cruzamiento de especies inexistente en estado natural.

Disminución del tamaño

La eficacia de su poder antitumoral ya se empieza a notar en tratamientos experimentales de linfoma -denominación englobadora de una veintena de tumores distintos con la común característica de afectar al sistema linfoide-, según se anunció en un encuentro de especialistas en dicha patología celebrado en Madrid. "En un ensayo con enfermos en estado avanzado hemos observado al año del tratamiento una disminución del tamaño del tumor en la mitad de los casos", apuntó Fernando Cabanillas, investigador del Centro M. D. Anderson de EE UU. El especialista asigna a los anticuerpos monoclonales quiméricos un lugar destacado como agente terapéutico en los casos donde la quimioterapia fracasa, en concreto en los linfomas no Hodgkin, de crecimiento lento y difícil curación.Un secreto de su eficacia radica en una innovación que ha hecho factible producirlos a partir de células del ovario del hámster chino cultivadas en grandes cantidades, y en consecuencia, una administración terapéutica en dosis muy superiores a las anteriores, explica Antonio Grillo-López, vicepresidente de Idec.

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