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Safari a la luna de Valencia

50 policías capturaron a tres tigresas escapadas de un circo en Burjassot

La policía valenciana se vio envuelta en la noche del sábado en un inverosímil safari urbano. Tres jóvenes tigresas, inquietas por la muerte del macho la noche anterior, optaron por la rescisión unilateral de su contrato con el circo alemán en el que trabajaban y, tras burlar a sus cuidadores, se embarcaron en una trepidante aventura callejera bajo la luna de Valencia que sembró el pánico entre los vecinos de Burjassot.El extravagante safari, en el que participaron medio centenar de policías, puso fin, tres horas después, a la excursión felina. Afortunadamente, las tres fieras se acostaron sin cenar.

La improvisada función circense al aire libre comenzó a las 21.15 horas. Los empleados del Zirkus Berlín acababan de abrir la jaula de los tigres para extraer el cadáver del único macho, que había muerto durante la noche por un fallo cardiaco, según explicaba ayer uno de los responsables del circo, el alemán Frankie Bugler. "Las hembras se pusieron muy nerviosas al ver que se quedaban sin el macho, rompieron la reja que aislaba su compartimento y huyeron por la puerta que habíamos abierto", relataba.

El circo estaba emplazado desde el viernes en las afueras de Burjassot, un municipio de 35.000 habitantes cercano a Valencia. Los carromatos, jaulas y carpas cubrían un descampado próximo a las instalaciones de la televisión autonómica Canal 9, un campus universitario y una de las barriadas más deprimidas del área metropolitana, la de las 613 Viviendas. Sus habitantes, curtidos por la lidia diaria con el desempleo y la pobreza, tuvieron que salir corriendo y buscar refugio en portales y furgonetas.

Una de las tigresas, Nara, de seis años y unos 250 kilos de peso, se adentró en el poblado de hormigón. Sus dos compañeras de huida habían sido atrapadas en un cuarto de hora por los cuidadores y los policías en las proximidades del circo, pero ella se las ingenió para escabullirse. "Por favor, no salgan dé sus casas, un tigre anda suelto", anunciaba la megafonía de los coches patrulla.

Una cincuentena de polícias nacionales, autonómicos y locales llegados de Burjassot, Godella, Paterna y Valencia, sitió el cuadrante y fue estrechando el cerco hasta que localizaron a Nara. Cansada de ver gente corriendo despavorida, había buscado refugio en un corredor entre las tapias de dos colegios. Allí la acorralaron los agentes taponando el callejón con dos vehículos. Nara les rugió un poco, nerviosa ante los focos y la luz de las linternas, pero pronto se calmó.

"Charlie tres uno, han llegado los francotiradores con los dardos narcóticos", anunciaba la emisora policial poco antes de medianoche. No hubo que dormir a Nara. Sven, el domador, entró al corredor y realizó una actuación gratuita, sin látigo y sin casaca, que acabó con la tigresa dentro de un furgón del circo.

Para entonces, el suceso había adquirido tintes cómicos y un centenar de vecinos se chanceaban tras el cordón policial. "¡Que nos dejen el tigre, que nos lo comemos!" bromeaba un vecino. El furgón del circo tardó en arrancar y el barrio estalló en una sonora carcajada. Una grúa y un aparatoso convoy policial escoltaron a Nara de vuelta a casa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de diciembre de 1997