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Entrevista:

"La integración de los nacionalismos exigirá una generación"

Juan José Lucas, de 53 años, es presidente de la Junta Castilla y León desde 1991, año en que ganó las elecciones autonómicas. Lucas mantiene que la tensión entre las autonomías y la Administración central es inevitable, aunque cree necesaria la lealtad institucional.

Juan José Lucas es hoy un referente básico para las 11 comunidades bajo control del PP por gobernar una autonomía emblemática para el centro derecha y por su proximidad personal al presidente del Gobierno, José María Aznar. Lucas ve con perspectiva el futuro del Estado de las autonomías y cree que en una generación puede producirse la integración de los nacionalismos en el Estado.Pregunta. Los presidentes de Castilla-La Mancha y Extremadura aseguran que el llamado territorio Insalud, al que también pertenece Castilla y León, ha resultado discriminado en el reparto de la financiación sanitaria. ¿Qué opina?

Respuesta. Castilla y León está prudentemente satisfecha con el pacto de financiación sobre el que, por cierto, se nos ha pedido opinión cosa que no sucedía cuando gobernaba el PSOE. Si hacemos un análisis crítico por habitante, edad, etcétera podemos llegar al juego infinito para denunciar el agravio comparativo. Yo veo las cosas de otra manera. Nunca ha habido tanto dinero para la sanidad. Se quiere poner orden en los medicamentos. No podemos tener millones de fármacos caducados en armarios, y para ello el PP está obligando a las industrias farmacéuticas a eliminar elementos de riqueza para los laboratorios.

P. ¿No cree que con el pacto de financiación sanitaria el Gobierno ha satisfecho a sus socios nacionalistas y ha neutralizado a Andalucía, y que las comunidades del territorio Insalud han quedado desvalidas, como dice la oposición?

R. El PSOE censura al PP su excesiva sumisión a tesis nacionalistas necesarias para gobernar, fruto del resultado electoral de marzo de 1996, pero no por voluntad del PP. Yo, que he convivido cinco años con gobiernos socialistas, puedo decir que las comunidades nunca han sido tan escuchadas. Cuando el Gobierno del PSOE decidió el 15% del IRPF no se me llamó y, pese a ello, me abstuve. Por eso, el PSOE no puede dar ningún tipo de lección. Las autonomías tienen que generar lealtad institucional hacia el Gobierno, sea de quien sea. No pueden ser armas arrojadizas de los partidos.

P. Usted fue más beligerante cuando gobernó el PSOE...

R. Es verdad que mantuve una actitud más crítica. Pero es que ahora soy más escuchado. Las tres reclamaciones que Castilla y León llevó a la mesa en la negociación autonómica fueron atendidas. Pero también mantengo una actitud reivindicativa con este Gobierno. Por ejemplo, en materia de inversiones. No se nos puede acusar de ser una comunidad transmisora del Gobierno. El día que esto ocurra, los gobiernos autonómicos perderán su credibilidad.

P. Pero las comunidades gobernadas por el PSOE fueron más críticas con el Gobierno de Felipe González. Aznar está teniendo más suerte con sus presidentes autonómicos.

R. Algunas comunidades han planteado el criterio de población con belicosidad y han obligado al PP a tenerlo en cuenta. Cuando Aznar lleve trece años tendrá más problemas con sus dirigentes. La política autonómica es choque y consenso. No se puede gobernar pensando que todo se decide en Madrid.

P. ¿Qué opina de la reclamación de los impuestos especiales por parte de CiU?

R. Las reclamaciones de sistemas de financiación parecidos a los que contiene el sistema vasco no son oportunas en este momento ni creo que tuvieran un marco constitucional posible.

P. ¿Y la pretensión de CiU de hacer públicas las aportaciones y recepciones de cada comunidad al Estado de forma periódica?

R. Podemos entrar en un campeonato. Con datos aislados se pueden hacer agravios comparativos. Hay que regresar al espíritu con que se redactó la Constitución, de solidaridad interregional. Nosotros lo hacemos. Hemos exportado hombres y ahorros y reconocemos que importamos en seguridad social. Aquí no existen generosos y aprovechados. Lo que existen son españoles con problemas y con menos problemas.

P. ¿Se ha avanzado en año y medio del Gobierno del PP en la integración de los nacionalismos?

R. No todo lo que nos hubiera gustado. Se ha presentado para los nacionalismos una alternativa constitucional al Gobierno por el centro derecha que no existía hace dos años. Hubiera sido deseable que se hubiese profundizado en la idea de integración de los nacionalismos, pero quizá exija el paso de una generación.

P. Algunos ensayistas temen una ruptura de España si la Administración central continúa cediendo a las reclamaciones nacionalistas. ¿Qué opina?

R. La España autonómica va a ser difícil cerrarla de manera inmediata, aunque sí tenemos que saber hacia dónde nos dirigimos. No podemos tirar cada autonomía de una esquina del mantel y tampoco pensar que regionalizar es dividir. España es asimétrica, pero eso no significa que deba ser desigual.

P. ¿Cumplen los nacionalistas con la lealtad constitucional?

R. Los gobiernos nacionalistas están mostrando una actitud de compromiso con el Gobierno central, a veces con mucho sacrificio y con incomprensiones dentro y fuera. Hay que facilitarles la tarea.

P. Ha dicho los gobiernos, no los dirigentes nacionalistas...

R. No contesto.

P. Tras las elecciones gallegas planteó usted la conveniencia de reformar la ley electoral para evitar que los partidos nacionalistas sean la llave en la formación de mayorías.

R. No fue exactamente así. Lo que quise decir es que no adivino un Congreso con 30 diputados en el Grupo Mixto. Sería bueno abrir un debate intelectual con la participación de los partidos nacionalistas, pues los primeros perjudicados de una proliferación de los partidos regionalistas son los propios nacionalismos históricos.

P. Se le da a usted como ministro en la primera crisis que haga José María Aznar.

R. Aznar no va a hacer crisis y no estoy disponible. Yo haré lo que diga el partido, pero también es verdad que mi vida política ha venido determinada por la renuncia. Renuncié a ser presidente de la Diputación de Soria para ser diputado nacional; renuncié a ser diputado, a los ocho meses, para ser vicepresidente de la comunidad; renuncié a ello para organizar el partido... Esa actitud se va a mantener. No existen hombres maravillosos, sino organizaciones humanas que funcionan mejor o peor.

P. ¿Qué es lo que más le gusta del Gobierno Aznar?

R. La actitud de diálogo como la del ministro de Trabajo Javier Arenas, y la evolución económica, que es el resultado del trabajo de todos los días. Lo que menos me gusta son algunos nombramientos de segundos niveles.

P. ¿Podría precisar algo más?

R. No, porque me echan [se ríe].

P. ¿Qué opina de la cuesta de Demoscopia

R. No hay que echar las campanas al vuelo, de modo que nos obligue dentro de tres meses a decir que no hay que darles importancia a las encuestas. Globalmente es muy positiva para el PP y Aznar, pero en el futuro puede haber elementos que les debiliten. Nada está ganado y la política exige un esfuerzo diario.

P. Castilla y León es una región muy dispersa. ¿Cree que ha aumentado la conciencia regional?

R. Es una comunidad muy provincializada en la que hay que respetar los poderes locales. Pero hace 10 años no hubiera sido posible llegar a un acuerdo con las entidades financieras o recibir numerosas cartas sobre lo que quieren que sea la comunidad. No podría acudir a la Feria de Turismo de Valladolid o reunirme con 300 empresarios en León. Se ha ganado un terreno tremendo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de diciembre de 1997

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