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La reforma de la Alianza Atlántica, bloqueada por los contactos de Gibraltar y el Egeo

El pesimismo planea sobre los dirigentes de la OTAN. El general Klaus Nawman, presidente del Comité Militar de la Alianza, descarta que este organismo dé luz verde a la reforma de la estructura militar integrada en su reunión del lunes, y también que los ministros de Defensa la acuerden el martes. El litigio hispano-británico sobre Gibraltar y el conflicto greco-turco sobre el Egeo la bloquean. Mientras, los Dieciséis asumieron ayer el coste de la ampliación -que ascenderá a cerca de 200.000 millones de pesetas) a lo largo de diez años- muy inferior al previsto.

Nawman es como un motor a gasoil, perseverante. Pero está a punto de tirar al cesto su paciencia, indican fuentes de la Alianza. Considera que los contenciosos de Gibraltar y del Egeo impedirán culminar el acuerdo en las reuniones de la semana próxima. Y que la posibilidad de que los ministros de Exteriores lo alcancen los días 16 y 17, "aunque no está totalmente descartada, es mínima".Lo complicado del asunto es que un conflicto se solapa con el otro, "y unos y otros se esconden en la Coartada del litigio ajeno para aplazar la resolución del propio", indicó a este diario el embajador de un país nórdico ante la Alianza. Peor aún, se trata de problemas "puramente bilaterales, que nada tienen que ver con la defensa de los aliados, sino con las opiniones públicas" de los cuatro países.

El problema greco-turco se está arreglando. Ankara, que pedía un mando subregional conjunto con Atenas y Roma, ha acabado aceptando la existencia de un mando subregional por cada país, que cubrirá su propio espacio territorial nacional. Queda ahora por dirimir la disputa menor sobre cómo coordinar sus respectivas competencias en el espacio aéreo -más volátil- que corresponde a la controvertida zona del Egeo Oriental.

El problema de Gibraltar lleva más veneno. Londres no acepta la propuesta española de cogestión del aeropuerto instalado en el istmo ilegalmente ocupado por el Reino Unido el siglo pasado. Sendas reuniones de los jefes de ambas diplomacias, Abel Matutes y Robin Cook, han acabado en fiasco. Ayer mismo un equipo español proseguía las negociaciones en Londres.

España ha compilado sus razones en un detallado memorándum enviado a las otras delegaciones, "impresionándolas", según un alto funcionario de la OTAN. "El pez se muerde la ola, España tiene muy buenas razones, pero anunció que entraría en la nueva estructura sin haber resuelto antes este punto, parece como demandante y los británicos creen que acabará cediendo; mientras, el Reino Unido tiene menos razones, pero Blair se inclina a satisfacer las ansias residuales de los conservadores que le acusan de ceder soberanía", describe un diplomático equidistante. Madrid quiere un símbolo de que se avanza hacia la cosoberanía; Londres se resiste a modificar el actual estatuto.

La "partida de póquer" puede resolverse en cualquier momento, pero en todo caso será con fórceps, augura esta fuente, porque "el problema no es militar, sino de lo que pueden ambos Gobiernos hacer encajar a sus opiniones públicas".

Si las cosas puertas adentro siguen complicadas, las de ventanas afuera se simplifican. El Comité de Recursos aprobó ayer por silencio el presupuesto para la ampliación al Este, que los ministros de Defensa ratificarán el martes. La factura militar de la ampliación ascenderá a sólo 1.300 millones de dólares.

Gastos civiles

La parte del león de esta factura es la puesta a punto de 17 pistas de aterrizaje en Polonia, Hungría y la República Checa, así como infraestructuras de comunicación. La cifra contrasta con el cálculo inicial, que la decuplicaba. El montante aumentará por la adición del gasto civil -nuevos altos funcionarios y ampliación de la sede o construcción de una nueva-, pero no superará en ningún caso los 2.000 millones de -dólares. Los costes de modernizar las fuerzas armadas polaca, húngara y checa sólo gravarán los presupuestos de los tres países.Políticamente, lo interesante de este menguado presupuesto es que revela que los estrategas consideran que la ampliación "no incorpora riesgos defensivos adicionales". Es decir, que el temor a una acción ofensiva desde Rusia se esfumó y se descarta la hipótesis de un ataque ruso al territorio de los nuevos socios. "El panorama de la seguridad europea se mantiene sin modificaciones", concluye un técnico de la Alianza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de noviembre de 1997

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