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Tribuna:VISTO / OÍDO

Contra la nariz

Los escolares inician su camino. Se decía antes, en otro país (¿o en éste, que parecía otro?), que era. "el camino de su nariz": la recta, salvo excepciones teratológicas. Un camino para toda la vida, puesto que derecho era lo sano: la rectitud, lo derecho, la línea. No mirar atrás, o alguien se vuelve sal, qué desagradable. Atarse al mástil. Los numerosos planes que han cambiado los ministros no tenían más vocación que esa: que nadie se saliera del camino. Formación: dar forma. Y los niños que escapaban se encontraban al lobo. ¿Quién encontraría al lobo en la ciudad? Nadie: pero sí al hombre del saco. El terror tiene que cambiar de figura. Ahora es el del yonqui, el del pederasta. El del exhibicionista ha muerto: niñas y niños se retuercen su risa cacofónica si uno aparta su gabardina y muestra su cosita. El exhibicionismo femenino vale, pero cuesta dinero. Leí que las chicas del barrio donde se quiere instalar un sex shop se reían: "En nuestro colegio no hay ya más vírgenes que las de las paredes". Una exageración (de ellas): el camino de la antinariz de la pureza antigua (otra exageración). En las pasarelas se va mostrando más, pero es lo que no se llevan. (Oí a Jesús del Pozo, tan admirable: "Mis mujeres...". Sólo hombres así poseen mujeres, en largo plural: las que visten).Los escolares, los jóvenes, ya no tienen padres, maestros, tutores: les han hundido. Los escolares pueden ser bandidos de su colegio: destrozan las paredes. Los mayores les temen. Por las noches, la gente se aparta a su paso. Paso mucho, y el miedo es sólo por ellos: niños y niñas con el calimocho, la litrona, los cigarrillos que sean. Pero ¿para qué quieren ser longevos? Si uno sabe, o puede, apurar su juventud, lo demás es suciedad. Y ellos reaccionan a la vía única de la nariz, a la disciplina, a los palmetazos, al cuarto oscuro, a la colleja, al insulto. A castigos "sin palo ni piedra": el paro juvenil, las expulsiones de las escuelas -gratuitas: las de gran pago, ni expulsan ni suspenden. Perderían demasiado-, la soledad en la casa. La inasequibilidad de las asignaturas: tontos del bote han cambiado términos, modos, sistemas, vocabulario para que sean nuevas y más difíciles. Y lo que se sabe ha aumentado -la aceleración científica, la histórica- en progresión geométrica, pero no así la capacidad de lo que un modesto cerebro de la sociedad infantil española puede recibir. Pero éste sería tema más largo y más explícito: la reducción traiciona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de septiembre de 1997