La amenaza de "Niño"

La corriente El Niño registra periódicamente una subida irregular de la temperatura del agua en el Pacífico, asociada a la oscilación de las presiones atmosféricas entre Tahití y Darwin (Australia). Este episodio se traduce en una profunda alteración de la atmósfera. Es uno de los fenómenos más estudiados, por viejo, temido y cadencioso (aparece cada dos o siete años). Se conoce desde la época de los conquistadores españoles y permite a los meteorólogos predecir el tiempo del hemisferio sur americano, California, y China, con tres meses de antelación, un plazo del que no disponen en otras áreas geográficas del planeta.A los meteorólogos les llama la atención este año la prematura anticipación de El Niño (debe su nombre a su coincidencia con la Navidad) y el súbito incremento de las temperaturas desde abril. "Son especialmente elevadas y anómalas para estas fechas; hasta cuatro grados por encima de los valores normales", advierte Balairón. Se desconoce su influencia en el clima europeo, donde en su desplazamiento hacia. al Atlántico, compite con otra oscilación dominante entre Irlanda y las Azores.

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"Si no influye directamente, lo hará indirectamente", afirma otro meteorólogo del INM. "La atmósfera es un espacio cerrado que mantiene un equilibrio térmico. Cualquier alteración repercute en mayor o menor grado, a más o menos distancia del foco donde surge. De hecho -añade- el anticiclón habitual del Atlántico, el que más afecta a la península ibérica por estas fechas, se encuentra más retirado hacia el océano y permite la entrada de temperaturas frías en altura, favoreciendo la inestabilidad, la presencia de tormentas y las precipitaciones muy intensas en algunas partes de Europa".

Es un hecho que la atmósfera de la tierra está profundamente alterada, como consecuencia del calentamiento errático del Pacífico, insiste Balairón; es anormal que en la primera fase de El Niño las temperaturas hayan alcanzado un nivel tan alto. Suelen ser más débiles y más tardias. Por las primeras manifestaciones de ese fenómeno -desplazamiento de los bancos de pesca, elevadas temperaturas en Lima (pleno invierno) y lluvias en Chile- todo apunta a que este año El Niño puede presentar su cara más cruel de los últimos cincuenta años.

Durante el último episodio en Perú llovió en cuatro meses lo mismo que en siete años, provocó 1.500 muertes y daños valorados en más de 120.000 millones de pesetas.

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