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Crítica:ROCK

Ante todo, espectáculo

Al principio parecía que el show iba a estar enfrente del escenario, a juzgar por las innumerables caras del multigeneracional público -de 15 a 40 años-, decoradas con las pinturas de guerra de sus legendarios ídolos. Apenas media hora de discreta actuación a cargo de los barceloneses El Fantástico Hombre Bala y las caras maquilladas más famosas del rock de todos los tiempos se encargaban de disipar dicha sensación.Kiss nació hace más de 20 años para dar espectáculo. El más impactante, caro y mórbido nunca visto en el rock y, a juzgar por lo contemplado, aún puede darlo como nadie. Una extraordinaria puesta en escena en la que no faltó de nada: cohetes, muros de luz, guitarras que disparaban fuego y salían por los aires, músicos que vomitaban sangre o bien salían volando y se mezclaban con la multitud.

Kiss y El Fantástico Hombre Bala

Palacio de Deportes de la Comunidad. 3.500 pesetas. Madrid, 25 de junio.

Pero Kiss también ofreció inmensas composiciones de hard rock que perfectamente podrían caminar por sí solas sin las muletas de guardarropía con que las protegen sus autores. Canciones como Love gun, Shout it out, interpretada por el bajista Gene Siminorís arriba del puente de luces, o la impresionante I was made for lovin you, que arrancó el más vibrante acompañamiento por parte de todas las gargantas presentes.

Mayores, horteras, decadentes y lo que se quiera decir de ellos, Kiss sigue siendo capaz de hacer brotar exclamaciones de admiración del más avezado y curtido espectador de rock. Veinticinco discos y conciertos como el presenciado así lo atestiguan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de junio de 1997

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