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La nueva estrella hispana en el Congreso de Estados Unidos

Loretta Sánchez apuesta por un camino intermedio entre la asimilación y la marginación

La conversación se desarrolla en castellano en su oficina en el Capitolio de EE UU. Loretta Sánchez, la nueva estrella del caucus hispano en el Congreso, cree que los inmigrantes hacen bien en enseñarles español a sus hijos. Y no por sentimentalismo, sino como una inversión, precisa. "Una persona que sabe dos idioma tiene muchas más oportunidades de conseguir educación y trabajo que una que sólo sabe uno".Sánchez acaba de subir del hemiciclo, donde ha participado en la votación sobre una ley de pesca. Tiene el cabello castaño claro, rasgos mediterráneos, ojos grandes y oscuros y viste un traje veraniego de color violeta. El pasado noviembre, le arrebató el escaño en la Cámara de Representantes por el rico condado californiano de Orange al republicano ultraderechista Bob Dornan, que buscaba su décimo mandato consecutivo. Que "una mujer, una demócrata y una latina", como ella se define, conquistara uno de los grandes bastiones conservadores fue la sorpresa de los comicios. presidenciales y legislativos.

Sánchez nació hace 37 años en Los Ángeles y ha vivido la mayor parte de su vida en Anaheim, "donde está Disneylandia". Sus padres, inmigrantes mexicanos que trabajaban en una fábrica de hule, lucharon para que ella y sus seis hermanos tuvieran carreras universitarias, y lo consiguieron. Titulada en Economía y especializada en Administración Financiera de Empresas, Sánchez está casada con Steve, "un anglosajón", y no tiene hijos.

Tras doce trabajando en el mundo de las finanzas, Sánchez entró en política porque no le gustaba "lo que estaba pasando en Anaheim, especialmente el deterioro de las escuelas y de la vida en los barrios". También le inquietaba el rumbo adoptado por el Congreso tras la victoria de los republicanos en 1994. "No me gustaban", dice, "sus leyes restrictivas sobre inmigración, sus ataques al we1fare o asistencia pública y, en general, su extremismo".

Sánchez aceptó la invitación de Javier Becerra, el congresista californiano, para presentarse a las elecciones de 1.996 para el Congreso. La campaña fue muy dura y Sánchez le ganó a Bob Doman por unos cientos de votos. Esa victoria fue interpretada como una muestra del ascendente poder político de los hispanos en EE UU.

Sánchez cree que la principal preocupación de los hispanos en EE UU es "cómo conseguir comida y educación para sus hijos". "Son familias", dice, "que han venido aquí creyendo en la idea del sueño americano, en la idea de que sus hijos tienen aquí la oportunidad de ser algo más de lo que son ellos".

El apego a sus raíces de los hispanos, que pronto pueden ser la primera minoría del país, centra el debate norteamericano sobre cómo combinar la integración de estos inmigrantes con el multiculturalismo. Sánchez cree que existe "un camino intermedio entre la actidud de los latinos que no quieren ser asimilados de ninguna manera a los anglosajones y la de los que quieren que se les confunda lo antes posible con los gringos".

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"Creo", dice, "que podemos ser buenos ciudadanos norteamericanos sin perder nuestras raíces y aportando lo mejor de nuestra cultura. Éste es un país muy receptivo. Fíjese cómo adopta los mariachis, el estilo español de las casas, la cocina mexicana... Precisamente, el miedo que tienen los conservadores es que nosotros podemos integrarnos perfectamente y exigir nuestra cuota de poder. No somos una raza, somos una cultura que puede mezclarse con cualquiera".

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