_
_
_
_

Kohl vincula su destino político a la suerte del euro

El canciller federal alemán, el democristiano (CDU) Helmut Kohl, de 67 años, vincula su destino político con el logro de la unión monetaria europea: "La voluntad decidida del Gobierno federal y la mía es aIcanzar ese objetivo [de la unión monetaria]. Y yo he vinculado con eso un trozo de mi pensamiento político durante décadas y ahora mi existencia política". Así lo manifestó el propio Kohl el domingo en Francfort, en la feria anual de la industria química, en un discurso que pasó inadvertido para la prensa alemana. El diario de Hamburgo Hamburger Morgenpost publicó ayer que, la semana pasada, Kohl amenazó con dimitir por lo menos dos veces durante las negociaciones con los liberales (FDP) por el presupuesto. No obstante, Kohl desmintió ayer que esté pensando en dejar el poder.

Ante este panorama, el presidente de la socialdemocracia, el jefe de Gobierno del Sarre Oskar Lafontaine, ha saltado a la arena para advertir que su partido no aceptará una gran coalición con los democristianos, y que si se rompe la que gobierna en Bonn, la única salida serían nuevas elecciones.Los más viejos del lugar en Bonn recuerdan estos días lo ocurrido hace más de 30 años, cuando por un quítame allá ese par de millardos (de marcos) los liberales abandonaron la coalición de centro-derecha con los democristianos. El padre del milagro alemán, nada menos que Ludwig Erhard, tuvo que salir casi a patadas de la Cancillería, repudiado por propios y extraños. Siguió la gran coalición entre democristianos y socialdemócratas. Ahora, tres décadas más tarde, los agujeros del presupuesto alemán no son de 2.000 millones, sino socavones de hasta 30.000 millones de marcos.

Más de uno recuerda lo ocurrido en 1966 con Erhard, entre ellos el actual canciller Kohl, quien llamó la atención a sus correligionarios sobre ese precedente histórico. Kohl hizo un hincapié especial, cuando dijo: "Yo lo viví". Ayer, a la entrada de la reunión de la presidencia de la CDU en Bonn, fue el jefe de Gobierno de Baden-Wurtemberg, Erwin Teufel, quien volvió a recordar lo ocurrido hace 30 años, cuando nadie quería el final de la coalición y el FDP se marchó por negarse a aprobar una subida de impuestos.

Kohl dijo de forma muy clara el domingo, en un discurso ante la feria de la industria química en Francfort, que su suerte política va unida a la unión monetaria europea: "A aquellos que, nacional o intemacionalmente, dicen 1 vamos a aplazarlo todo', quisiera responderles sencillamente de la misma forma que hoy lo ha hecho Jacques Delors: quien lo aplaza una vez, lo aplaza probablemente para siempre. Y quien aplaza en Alemania tiene que pensar qué efecto tiene el aplazamiento para la moneda alemana. Les digo de una manera clara y tajante: la voluntad decidida del Gobierno federal y la mía es alcanzar ese objetivo. Y yo he vinculado con eso Da unión monetaria] un trozo de mi pensamiento político durante décadas y ahora mi existencia política".

No podía dejar más claro Kohl que su destino político va unido al euro. Tampoco podía quedar más manifiesta la brecha existente entre Bonn y Múnich, entre la CDU y el partido hermano de la CSU bávara. Los mismos telediarios que emitían las palabras de Kohl pasaron otras del presidente de Baviera, Edmund Stoiber, quien no pasa un día sin pronunciarse de forma más o menos velada a favor del aplazamiento del euro. Ante las juventudes de la CSU, en Erlangen, Stoiber gritaba: "Antes que debilitar los criterios [de convergencia de Maastricht], está naturalmente el aplazamiento. Yo no quiero una discusión sobre el aplazamiento, pero la frase la convergencia determina el calendario sólo tiene sentido si digo: el calendario está subordinado al cumplimiento de los criterios. Y por eso, tenemos que decirlo también a nuestros amigos europeos".

Dos frentes abiertos

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Suscríbete

El Gobierno en Bonn tiene dos frentes abiertos dentro de las mismas filas de la coalición. Por un lado, con la CSU, por el tema del euro, los criterios y el calendario. Por otro, con el FDP, por la negativa de los liberales a aprobar las subidas de impuestos para tapar los huecos del presupuesto. El ministro federal de Hacienda, Theo Waigel (CSU), vive la esquizofrenia política entre su lealtad a Kohl, empeñado en sacar adelante la unión monetaria europea, y la que debe a su propia gente en Baviera, dispuesta a torpedear la moneda única. Con cierto tono desesperado, Waigel replicó a su correligionario Stoiber, este fin de semana desde el aula magna de la universidad de Wurzburgo, cuando dijo: "A algunos servidores del Estado de la categoría de hijo, y entre ellos se encuentran los jefes de Gobierno de los Estados federados [Stoiber, por ejemplo], les resulta muy fácil hacer bonitos discursos, pero el ministro de Hacienda no lo puede hacer, porque, en ese caso, desencadena de forma inmediata turbulencias en los mercados".

En su gira por Baviera, Waigel rechazó la posibilidad de nuevas elecciones, porque supondría perderlas y también una gran coalición, entre democristianos y socialdemócratas, porque eso significaría abrir las puertas del poder al SPD. Según una encuesta del insituto Emnid, en caso de elecciones ahora, la CDU / CSU conseguiría un 37% de votos, 36% el SPD, 11% Los Verdes, 6% el FDP y 5% los poscomunistas del Partido del Socialismo Democrático.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
_

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_