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El Reina Sofía expone los 'collages' de Gerardo Rueda

Desde el pasado martes y hasta el próximo 7 de julio, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) dedica un recuerdo a la obra de Gerardo Rueda (1926-1996). Monografía de casi un centenar de collages, la muestra -que organizó el crítico, recientemente fallecido, José Ramón Danvila- revela 42 años de dedicación a una técnica que Rueda comparaba con el rescate de "objetos de la realidad cotidiana".

Desaparecido justo tras haber tenido lugar una gran exposición antológica en el IVAM, Gerardo Rueda vuelve ahora de nuevo entre nosotros con lo perdurable de un artista, que es su obra. Es una lástima, eso sí, que, siendo como era de natural discreto, no haya podido vivir nada más que una parte de los reconocimientos y homenajes que, desde fines de los ochenta, se han prodigado, nacional e internacionalmente, en merecida reivindicación crítica de una de las trayectorias artísticas contemporáneas más originales y sugestivas de nuestro país. En todo caso, la exposición que da pie a este comentario, monográficamente dedicada al collage, posee una particular importancia, pues quizá a través de esta técnica vanguardista es donde mejor brillan algunas de sus cualidades creativas más sobresalientes.Espíritu irónico

Por de pronto, el primer collage que se exhibe en la exposición data de 1954, y el último, de 1996, el año de su fallecimiento; entremedias, 42 años de dedicación a esta técnica, aunque fuera, a partir de los sesenta, cuando le sacó mayor rendimiento. El collage define la sensibilidad de espíritus analíticos, elegantes e irónicos, pues quien lo practica debe saber construir, debe saber combinar y, sobre todo, debe tener la capacidad de abrir perspectivas insospechadas a los materiales, las formas y los significados. Debe, en fin, crear como si nada y prácticamente de la nada, a partir de cualquier cosa. Todas estas condiciones las cumplía Rueda de manera soberana, con lo que se comprende que, en este ambicioso recorrido retrospectivo, enormemente variado, no haya un solo momento de desmayo.

Rueda lo hizo todo con el collage, incluso muchas de sus esculturas eran collages en tres dimensiones, pero quizá, aprovechando la panorámica que ahora se nos ofrece en el MNCARS, uno se admira del refinado aire de ligereza que la recorre de principio a fin. La ligereza que es la cualidad de los espíritus alados, los que sobrevuelan la realidad con el don de la inteligencia y logran sacar a flote hasta el fardo más pesado: es la inteligencia al servicio de la comprensión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de abril de 1997