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Alemania expulsa por primera vez a un espía de Estados Unidos

Un agente de la CIA norteamericana, que actuaba en Alemania con cobertura diplomática y realizaba espionaje económico, tuvo que abandonar el país de forma discreta ante la intervención de los servicios alemanes de contaespionaje, según informa el número de esta semana de la revista Der Spiegel. Es el primer caso conocido en que se desenmascara y expulsa a un espía de Estados Unidos, acreditado como diplomático en Bonn.

Los tiempos de la guerra fría quedaron atrás. Los escenarios tradicionales del maestro del género John Le Carré, la pequeña ciudad en Alemania y el Berlín dividido con el famoso puente donde se intercambiaban los espías, pertenecen al pasado. Los espías de hoy día ya no se juegan el pellejo más allá del telón de acero y se limitan a intentar sobornar a funcionarios más o menos probos, para obtener secretos económicos. Esto es a lo que se dedicaba un diplomático de EE UU en Bonn con tan mala suerte que pinchó en hueso al intentar comprar a un alto funcionario del Ministerio federal de Economía para que le pasase unas informaciones sobre proyectos de alta tecnología.El funcionario, que esta vez resultó fiel a la tradición prusiana de honestidad, dio cuenta inmediata a la Oficina Federal de Defensa de la Constitución, como se llama el contraespionaje alemán. Los servicios alemanes, en atención a la tradicional amistad transatlántica, optaron por la vía discreta de pedir que se mandase a casa al diplomático-espía y evitar así el siempre enojoso trámite de declararlo persona non grata. El agente de la CIA ya no está en Alemania, pero queda la molestia del país anfitrión ante el hecho de que el amigo americano trate de meterle un gol.

La Embajada de Estados Unidos en Bonn se refugia en un "no hay comentarios". Más lenguaraz se ha mostrado el diputado socialdemócrata Willfried Penner, presidente de la comisión de Interior del Parlamento Federal (Bundestag) y miembro de la comisión de secretos del Bundestag, en una declaraciones a Associated Press: "En un determinado momento hay que dejar bien claro que ésa es una curiosa especie de amistad y si el Gobierno federal lo hizo [pedir la retirada del diplomático-espía], yo lo apoyo". Der Spiegel recoge una cita de Penner todavía más clara: "Si esos jueguecitos de los americanos no se acaban de una vez, habrá que recurrir a otras cosas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de marzo de 1997