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Los mitos sobre el envejecimiento, caen ante las evidencias científicas

Un ambicioso estudio en EE UU muestra que la madurez no significa pérdida

Lo que han aprendido los médicos a través del mayor estudio realizado hasta ahora sobre el envejecimiento es que, este proceso no se trata, de ninguna manera, de una enfermedad. Desde 1958, investigadores del centro estadounidense Johns Hopkins Bayview han seguido de cerca a más de un millar de voluntarios de todas las edades y sus resultados están creando gran expectación en un país, EE UU, en el que una de cada cinco personas tendrá más de 65 años en el 2030.Conocido como el Estudio Longitudinal sobre el Envejecimiento de Baltimore, con un presupuesto anual de seis millones de dólares, (840 millones de pesetas), es el proyecto de investigación de este tipo de mayor duración en EE UU y uno de los más completos en el mundo. Desde el comienzo se planteó un único objetivo. En lugar de examinar la morbilidad o las enfermedades ' realizaría el seguimiento de personas activas y con buena salud e intentaría definir qué es el envejecimiento normal.

Los resultados contradicen los estereotipos sobre la gente de avanzada edad y han demostrado que el envejecimento no es necesariamente una cuestión en la que todos salen perdiendo. Entre los, descubrimientos más sobresalientes:

La personalidad no cambia con la edad, sino que, al contrario, permanece considerablemente estable a lo largo de los años. Según el estudio publicado a lo largo de los últimos 15 años, por lo general, las personas mayores con depresiones, que son irritables o no tienen pareja presentan, en gran medida, las- mismas características que cuando son jóvenes. James Fozard, director del estudio, afirma: "Si quieren saber cómo serán cuando se jubilen, averigüen cómo son ahora".

Razón y corazón

Gran parte de las capacidades mentales muestran una constancia similar. Ya en los años sesenta, los científicos concluyeron que el vocabulario sigue ampliándose de forma moderada al tener una edad avanzada y que la capacidad de razonamiento o para resolver problemas se conservan.. Tal vez se produzca una reducción de memoria y el cerebro necesite más tiempo para tomar y ejecutar decisiones, pero el psicólogo Paul T. Costa, subraya que estos cambios no significan que una persona mayor esté incapacitada. "El cerebro tiene una gran capacidad en reserva", señala.

Un corazón sano sigue latiendo igual. O como determinó el cardiólogo Jerome Fleg, "nadie se muere porque el corazón envejezca". Las pruebas realizadas desde finales de los setenta ayudaron a demostrar que la estructura y el funcionamiento cardiaco no se deterioran con el tiempo si no existe enfermedad coronaria. "Para las actividades" rutinarias o para la vida diaria, un corazón sano de 80 años debe ser capaz de funcionar tan bien como uno sano de 25 años", afirmó Fleg.

El planteamiento adoptado por los creadores del estudio, los investigadores Nathan W. Shock y Arthur H. Norris, junto con el físico William W. Peter, ya jubilado, permitió que su proyecto pasara de unas cuantas docenas de participantes en sus inicios a los 1.143 mujeres y hombres que hoy toman parte en él.

Están representadas todas las franjas de edad desde los 20 hasta los 90 años, y se realizará el seguimiento de cada participante hasta el final de su vida, impulso si se añaden nuevos voluntarios.

La acumulación regular de datos, un tesoro para científicos de numerosas disciplinas, ha logrado refutar un mito básico sobre el envejecimiento que todo el mundo envejece a la misma velocidad y que las personas mayores son iguales (entre sí) física, y mentalmente.

Diferencias en salud

Lo cierto es todo lo contrario, y explica la enorme variedad de nivel de salud entre las personas mayores, diferencias que son mucho más acusadas que entre los jóvenes. Muchos gerontólogos afirman que el descubrimiento de esta diversidad es uno de los hallazgos del estudio que serán más perdurables.

"Es uno de los estudios clásicos y de mayor importancia, y, cada año que pasa es más valioso debido a la riqueza de los datos", señaló Gene D. Cohen, presidente de la Sociedad Gerontológica de EE UU y director del Centro sobre el Envejecimiento, la Salud y las Ciencias Humanas de la Universidad George Washington.

Con todo, la metodología de investigación en este caso no se ha librado de las críticas. Durante 20 años, se centró exclusivamente en varones de raza blanca. Las mujeres no fueron incorporadas hasta 1978; aunque su número es casi el mismo que el de los hombres, los actuales esfuerzos para incorporar a afroamericanos siguen siendo reducidos. Actualmente, el 13% de las personas que participan son negros, cifra que no alcanza el objetivo del 20%.

Fozard reconoce que superar más de dos décadas de autoselección limitada ha resultado difícil y que los voluntarios, tanto negros como blancos, siguen sin ser representativos del conjunto de la sociedad.

Todos tienen un nivel de educación superior a la media de la población -más de dos tercios son licenciados universitarios- y mayores salarios. Estos dos elementos hacen que pueden tener una mayor dedicación: se pagan ellos mismos el desplazamiento a Baltimore, la mayoría desde unos 160 kilómetros de distancia pero también desde sitios mucho más lejanos e, incluso desde Hawai e Israel.

Para mayor incomodidad, durante su estancia sólo se les proporciona la comida y una cama de hospital. Pueden marcharse en cualquier momento, pero pocos lo hacen. Algunos vuelven con más frecuencia que cada dos años, como las mujeres que siguen un plan especial sobre la menopausia y que se someten. a pruebas de sangre cada tres meses.

Copyright The New York Times

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 1997