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Más de 250 sepultados por una avalancha de fango en Perú

La magnitud de la catástrofe que el martes se abatió sobre Perú, cuando un alud de fango cubrió dos aldeas del departamento andino de Apurímac, quedó clara ayer. El presidente, Alberto Fujimori, reconoció que entre 250 y 300 personas han desaparecido en la avalancha y que "son pocos los supervivientes".

Hasta anoche, los equipos de rescate habían recuperado 49 cadáveres de los poblados de Jocha y Pumaranga, sepultados bajo unos 300.000 metros cúbicos de lodo y piedras tras las lluvias torrenciales que han azotado varias provincias del país. Para acabar de ensombrecer el panorama, las autoridades peruanas advirtieron qué las tormentas pueden provocar todavía más deslizamientos de tierra en los próximos días.

El rescate es penoso y avanza con extrema lentitud. Los soldados enviados a la zona y los civiles voluntarios trabajan a mano y sin las herramientas adecuadas, ya que por la ubicación geográfica de Apurímac no se ha podido enviar maquinar a pesada. Las escenas en el lugar del rescate son de pesadilla. "Acabo de ver una visión patética", narró Fujimori a una emisora de radio: "Niños de tres años aún con los músculos frescos. Realmente es dramático".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de febrero de 1997