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El poblado gitano de la Cañada Real cumple 1.000 días junto al basurero

Se cumplen hoy 1.000 días de lo que la asociación Presencia Gitana defíne como "la cacicada racista de Álvarez del Manzano". En mayo de 1994, el Ayuntamiento trasladó a 56 familias gitanas a la Cañada Real, a pocos metros del basurero de Valdemingómez y de una porqueriza con 3.000 cerdos clausurada por graves deficiencias sanitarias. El consistorio aseguró que el asentamiento no duraría más de dos meses.

, "Esto es el cuarto mundo", gritaba ayer Cano, uno de los más de 300 gitanos que llevan 33 meses sobreviviendo en el poblado chabolista de la Cañada Real, a la sombra del vertedero de Valdemingómez, donde se arroja toda la basura que produce Madrid. "Esto es racismo, por gitanos y, además, por pobres", respondía Luis, con 35 años y cuatro hijos a la espalda. Las 56 familias (que han aumentado porque ha habido bodas y nacido 20 niños) fueron expulsadas del camino viejo de los Toros, en San Blas.Aunque han pasado 1.000 días, la Asociación Nacional Presencia Gitana no ha cejado en el empeño de denunciar lo que considera una "deportación y una condena de destierro" que atenta gravemente contra los derechos humanos. Según la organización, el juez Carlos Veites Pérez -titular de la Sala de lo Penal número 10- ha visto indicios de prevaricación y delito contra el derecho de gentes (acoso a un grupo numeroso de personas) por el traslado de los gitanos a un lugar infecto, por lo que ha dictado sentencia para investigar los hechos.Asimismo, según Presencia Gitana, la Fiscalía de Madrid ha presentado una querella contra el Ayuntamiento por negligencia, al no haber dado solución a las condiciones de vida infrahumanas que soportan las familias.

El poblado está a 50 metros de una granja de cerdos que funcionó (sin licencia de actividad) hasta el pasado verano y que fue acusada de delito ecológico por la Fiscalía de Medio Ambiente. "La granja produce un volumen elevadísimo de deyecciones sólidas y líquidas, que son vertidas directamente, a través de conductos abiertos y vistos, sobre el terreno adyacente al poblado", señalaba el informe de la fiscalía. Presencia Gitana recordó ayer el peligro que supone el vertedero junto al que "malmueren" las familias gitanas. Carlos Martín, dirigente de la asociación ' mencionó las decenas de expedientes que el basurero tiene abiertos por irregularidades en los vertidos, con el agravante de las posibles filtraciones en el suministro de agua (tres fuentes instaladas por el Ayuntamiento), que es "de dudosa potabilidad".

"La gente está desengañada de promesas, ya no se junta como al principio para hablar de la situación y hacer algo", se lamenta Luis. Salustiano tiene 22 años, mujer, dos hijos y otro en camino. Al principio del invierno cargó los bártulos y se metió con la familia en una casa vacía huyendo del frío. A las dos horas apareció la Guardia Civil y se lo llevó detenido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 1997

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