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La retrospectiva de Jasper Johns en Nueva York plantea la herencia artística del pintor

El autor dice que no ha alcanzado la "plenitud", y Robert Hughes descalifica su obra

El Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York ha clausurado esta semana la retrospectiva más comentada de los últimos meses, un intenso recorrido de 40 años por el trabajo de Jasper Johns. La mayor muestra de cuadros, dibujos y esculturas (225 en total) del "artista americano más famoso", como a menudo se le señala, viaja en marzo al Museo Ludwig, en Colonia, y posteriormente a Tokio, mientras que su peculiar personalidad es analizada en una nueva biografía que ha tratado de impedir. Doscientas sesenta mil personas han visitado la exposición.

, Esta cifra de visitantes se considera muy elevada para una exposición de tres meses y, aunque no está a la altura de grandes éxitos comercial es del MOMA, como la retrospectiva de Matisse de hace tres años, el museo considera esa cifra un éxito por encima de sus expectativas. El MOMA y su comisario Kirk Vamedoe se plantearon Jasper Johns: a retrospective como "el examen más exhaustivo del artista más influyente de la posguerra". A pesar de ser una de las figuras más famosas del arte actual, y además el pintor vivo que más ha recaudado por un cuadro (17 millones de dólares por False start, en la casa de subastas Sotheby's, en 1988), la figura de Johns planteaba no pocos problemas para los expertos.Aparte de poner en duda si un pintor de tan sólo 66 años merecía un despliegue comercial como el que el MOMA suele dedicar periódicamente a figuras menos hostiles al público como Picasso o Matisse, la crítica de Estados Unidos puso también sobre el tapete la cuestión de si la herencia de Johns es o no significativa en el panorama del arte actual.

El propio Jasper Jolins, en un reportaje de la revista Art News donde hacía gala de su habitual parquedad comunicativa, expresó su incomprensión hacia el hecho de que se le montara tal homenaje cuando ni él mismo creía haber alcanzado el grado de "plenitud" que la muestra le presuponía.

"Nunca he tenido la experiencia de aprender nada de una exposición", dijo en otra entrevista a la revista Vanity Fair, añadiendo que tampoco comprendía que una retrospectiva obligara a realizar una selección, puesto que, en su opinión, en una retrospectiva habría que colgar absolutamente todos los trabajos de un artista.

Como buitres

El comentarista Michael Kimmelman, en The New York Times, escribió en octubre, cuando se inauguró la muestra, que "sólo artistas muertos han recibido un escrutinio tan intenso y arqueológico [como Jasper Johns], y este saqueo a cargo de críticos e historiadores de arte, como buitres sobre un cadáver, puede matar a un artista que no ponga una distancia entre él y sus perseguidores".

Howard Halle, en la revista Time Out, calificó a Johns de artista básicamente conservador en sus inicios, y escribió también que su influencia no se ha demorado con el paso del tiempo y actualmente carece prácticamente de entidad. Por su parte, el conocido crítico Robert Hughes habló críticamente de la obra de Jasper Johns en el semanario Time, dedicando a las sucesivas etapas de su carrera adjetivos como "claustrofóbica", "sobrevalorada" y "sin razón de ser".

Jasper Johns: a retrospective abarca trabajos en todos los medios a partir de 1954 y hasta 1995. En total son 110 pinturas, 86 dibujos, 17 grabados y 12 esculturas. El año 1954 es en el que Jasper Johns destruye toda la obra realizada hasta entonces y empieza a pintar sus famosos cuadros de banderas, que, según ha dicho a menudo, fueron inspirados por un sueño. Johns entendía su trabajo de entonces como "cosas que la mente ya sabe", y se alejaba del expresionismo abstracto para abrazar referencias cotidianas reales.

En una exclusiva a Edmund White desde las páginas de Vanity Fair el pasado mes de septiembre (un mes antes de la inauguración de Nueva York), Jasper Johns se perfilaba una vez más como tremendamente misterioso y evasivo, y llegó a reconocer que las masas de gente que va a ver exposiciones es algo que le martiriza. White citaba asimismo en ese artículo a un amigo del pintor asegurando que rehúye las entrevistas porque "se le puede escapar algo personal", y hablaba de que Johns es un atormentado también desde la misma aplicación de pinceladas a sus lienzos hasta la comunicación con sus amigos más cercanos, incluyendo a quien fue uno de sus mejores amigos, el galerista Leo Castelli.

Reveladora biografía

Este celo por su privacidad es lo que ha puesto a Jasper Johris en guardia ante la publicación de una reveladora biografía escrita por una antigua amiga suya. En Jasper Johns: privileged information (Jasper Johns: información privilegiada), Jill Johnston dice que en los últimos cuadros hay comentarios autobiográficos ocultos referentes a su difícil infancia. Johnston viajó al pueblo natal de Johns, en el Estado de Carolina del Sur, y averiguó detalles sobre la separación de sus padres (el artista creció junto a sus abuelos) que supuestamente se han reflejado en sus cuadros en forma de objetos y colores.

Otro capítulo está dedicado a la homosexualidad de Jasper Johns, y se basa en el testimonio de un supuesto antiguo amante, bailarín de la compañía de Merce Cunningham. Aunque algunos estudiosos mantienen que el pintor y Robert Rauschenberg mantuvieron una relación homosexual más allá de la amistad, White afirma en Vanity Fair que no es cierto que Johns sea gay.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de febrero de 1997