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Muere en accidente de carretera el guitarrista lebrijano Pedro Bacán

Ayer pasadas las nueve de la mañana, el guitarrista Pedro Bacán se estrellaba con su automóvil cuando se dirigía de Sevilla a su domicilio en Lebrija, a la altura de Los Palacios, en término de Utrera. Había dado un recital la noche del sábado en Lora del Río, acompañando el cante de su primo Juan Peña, El Lebrijano. Volvieron tarde, los dos en el coche de Bacán, quien conducía. Cuando llegaron al domicilio del cantaor en Sevilla, enfrascados en una animada charla -Pedro era un gran conversador- sobre proyectos futuros, siguieron allí hablando durante horas, uniéndose al grupo la mujer de Juan. Hacia las nueve Pedro decidió continuar el viaje, lo que hizo pese a las instancias de los amigos a que se quedara en su casa a descansar. A poco debió quedarse dormido, su coche se salió de la calzada y chocó contra unos árboles. El volante causó destrozos irreparables en su cuerpo, y los bomberos tuvieron que acudir para extraerlo.Pedro Peña Peña había nacido en Lebrija (Sevilla), y cumpliría 46 años el próximo mes de febrero. Fundamentalmente guitarrista, y también cantaor, pertenecía a una de esas inacabables familias gitanas que tuvieron, y tienen, su asentamiento en esta comarca matriz del cante jondo. La de él, la de los Bacán, por su padre el cantaor Bastián Bacán, es una de las ramas más fructíferas del frondoso tronco de aquel matarife y cantaor a quien llamaban Pinini, el mismo del que descendían la Fernanda y la Bernarda, los Funi y muchos otros flamencos de ley.

Pedro era actualmente el miembro más relevante del clan, No sólo como guitarrista, sino también como impulsor de un movimiento de recuperación del arte que se hacía en su casa y en las casas de sus parientes, y que él vivió desde niño. Consecuente con este objetivo había creado y dirigido varios espectáculos teatrales cuyos intérpretes fueron mayoritariamente miembros de la familia, muchos de los cuales no habían subido jamás a un escenario. Su hermana Inés, por ejemplo, no había cantado en público hasta hace no más de cinco años.

En este contexto hay que situar una grabación ya histórica, Noches gitanas de Lebrijano, integrada por cuatro compactos, en la que Pedro puso todo su entusiasmo para reconstruir con la mayor fidelidad posible el cante de las familias gitanas de su tierra.

Autodidacta, aprendió prácticamente solo a tocar la guitarra y después se preocupó de profundizar en el estudio del cante. "La gente nueva tiene menos que ver con la base, que es el cante, y las familias cantaoras han sido la base de todo el flamenco". El arte andaluz ha perdido con su muerte a un artista en plenitud.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de enero de 1997